Ecuador es un pequeño país sudamericano. Durante su historia republicana ha tenido líderes aceptables, regulares y pésimos. Uno de ellos se destaca por su absoluto desinterés en apoyar el mejoramiento de la patria y por aumentar su fortuna personal. A pesar de tener una gran riqueza, aún tiene admiradores obsesionados. No me refiero a Rafael Correa, sino a Daniel Noboa y su gestión lamentable.
El gobierno de Daniel Roy Gilchrist Noboa Azin ha transformado al Ecuador en un terreno baldío, donde la oscuridad de la corrupción, el oportunismo y la incompetencia se ciernen sobre cada rincón del territorio. El mandatario y sus aliados han tomado las riendas del Estado como si fuera su hacienda personal, moviendo piezas estratégicas no para el bien común, sino pensando en proteger sus propios intereses y los de sus allegados. En lugar de soluciones, la nación enfrenta un caos orquestado por quienes debieran protegerla.
Tras promesas incumplidas y ofrecimientos vacíos, Daniel Noboa logró lo que su padre no pudo, y no me refiero a brindar un salario digno a los empleados de la empresa familiar, sino a ascender al poder. Es el tercer presidente con doble nacionalidad en dirigir el país, para ser más preciso, el segundo, ya que el primero (el debatido asunto de Juan José Flores) era directamente extranjero. Su administración ha sido ineficiente y está marcada por una desconexión evidente, prefiriendo pasar más tiempo en Miami (EE. UU.) que atender las necesidades locales. Los rumores sobre presuntos acuerdos con grupos criminales, impulsados por la controvertida permanencia de la fiscal general, se intensifican, además de las noticias de droga en cajas de banano tomando en cuenta que su familia es la mayor exportadora de esta fruta. El silencio que rodea estas acusaciones es más atronador que cualquier verdad. ¿Cuántos más deberán callar para que este régimen continúe construyendo su imperio sobre los cimientos de la corrupción?
Un País en Oscuridad
La sombra que se cierne sobre la sociedad no es solo simbólica, sino también tangible. La patria ya estaba saliendo de una serie de cortes programados. Luego, sufrió un día completo sin electricidad en todo el territorio, sin previo aviso. Después, comunicaron que habría tres meses gratis de energía eléctrica, cerca de los comicios. Finalmente, anunciaron un apagón de suministro, justificado con la excusa de reparar un sistema colapsado, a pocos meses de las elecciones. Todo esto es una prueba más de la incapacidad del gabinete para gestionar la infraestructura nacional. Aún más alarmante fue la llegada anticipada de una barcaza eléctrica, mucho antes de que se iniciara el proceso de contratación, lo que sugiere que los acuerdos ya estaban establecidos de antemano. Esto refleja la improvisación que define a este mandato, que se oculta tras TikToks, cuentas falsas y personas que buscan beneficio propio en lugar de priorizar el bienestar colectivo. Mientras tanto, las hidroeléctricas han sido desatendidas. Ecuador se desmorona, pero parece que a los dirigentes poco les preocupa.
A esto se suma la destrucción de la naturaleza por intereses privados siendo esta, tan vital para el pueblo y el turismo, sin embargo, no ha escapado de las garras del egoísmo. En un territorio donde el verde de la selva y el azul del océano son fuentes de vida, el mandatario y sus socios han puesto sus ojos en los recursos naturales como si fueran suyos para explotar. Uno de los casos más escandalosos fue la iniciativa de construir un hotel de lujo en un área protegida en Olón. En ese momento, los representantes eran un ministro de ambiente y la esposa del presidente. Ellos hicieron que ese trámite se gestionara en menos de veinticuatro horas. La avaricia los cegó ante el daño irreparable que causaría, pero la voz de los defensores del medio ambiente aún resuena impidiendo semejante acto criminal. En su sombra, hay un rayo de esperanza.
EL ARTE, LA SALUD Y LA EDUCACIÓN AGONIZAN.
Sin embargo, el deterioro no se detiene en la infraestructura ni en el entorno natural; cala profundamente en la fibra social del territorio. El sector de la salud pública esta en crisis de eso no hay duda y los medicamentos que iban a traer de India y nunca llegaron no lo mejoraran. Los hospitales no tienen medicinas esenciales y su infraestructura es deficiente. Al mismo tiempo, las aulas sufren abandono. Miles de jóvenes quedan fuera del sistema educativo. El ecosistema cultural y artístico está casi destruido. Falta presupuesto y la gestión oficial ve el arte como un adorno innecesario, no como la base de la identidad del país, a menos que seas cercano al gobierno. Esta triple renuncia estatal sepulta las oportunidades de desarrollo, condenando a la ciudadanía al desamparo en las áreas más elementales de la vida humana.
Ecuador Merece Más
A medida que Ecuador se hunde en la penumbra (a pesar de la ley "no más apagones" que promulgó Noboa), muchos se preguntan cuánto más durará este ciclo que, iniciado con Lenín Moreno, continuó con Lasso y ahora alcanza su peor momento bajo el mandato de Daniel Noboa. Una serie de gobiernos ha creado un ciclo de ineficiencia y corrupción, marcado por la constante evasión de responsabilidades. El actual gobierno no cesa de culpar a otros por sus fallas, desviando la atención de su manifiesta incapacidad para gobernar con justicia y equidad. Parecen más deseosos de salvaguardar sus propios bienes y los de sus aliados, mientras la ciudadanía sufre. Aun así, no toda la esperanza está perdida, ya que algunos continúan resistiendo, negándose a rendirse ante esta situación.
Es momento de que los ciudadanos despierten de esta pesadilla. La fe, aunque frágil, aún vive en aquellos que luchan por un país mejor, que no sea el feudo de unos pocos, sino la patria de todos. El Ecuador de Daniel Noboa es una nación en tinieblas; sin embargo, en la oscuridad, siempre hay una chispa capaz de encender la luz. El destino del pueblo ecuatoriano aún puede cambiar, pero depende de que no dejemos que la corrupción y el oportunismo sigan devorando lo que queda de nuestro futuro.



