Irrespetando la línea imaginaria que separa lo real de lo onírico y lo espectral, José Núñez del Arco(Guayaquil 1980), nos introduce en las venas el liquidoescalofriante de los submundos ocultos, sirviéndose de un instrumentomediático: El aullido de las moscas, libro de pequeño formato cuyas apretadas paginas nos revelan a un genuino maestro de la Literatura del Terror, seguido del canon establecido por nombres tales como Mary Shelley, Edgar Allan Poe, Kramer y, un poco mas adelante, por Stephen King; pero a su vez, poseedor de un estilo propio, no solo porque ha sabido imprimirlo con solvencia en este, su cuentario iniciático, sino también porque dentro del rubro de la literatura ecuatoriana del terror, no se registra el nombre de ningún autor que haya podido llenar, aunque sea decorosamente, el espacio anotado.
La narrativa de Núñez del Arco, llena significativamente ese vacío con sus cuentos irreverentes, mezcla de premoniciones y miedos, pero también combinación atrevida de sexo locura y muerte.
El miedo esta impreso de manera recalcitrante en varios relatos de este ensordecedor “coro de aullidos” cuyo vigor espeluznante se hace presente desde el mismo autoprologo del libro, el que es una tacita advertencia del autor a sus potenciales lectores en el sentido de que los esperan historias desestabilizantes, narradas por una voluntad creativa “poseídas por fuerzas demoníacas”.
El miedo tratado en forma bifronte: el que experimenta la psiquis y el que palpita en el mundo externo, oprime entre estos dos aspectos al protagonista de “Tranquilizante Fílmico”, quien en si concentra los caracteres de los protagonistas de este cuentario: casi todos los personajes horrorizados del papel que les ha tocado cumplir dentro de las dramáticas situaciones que encaran los cuentos.
El miedo, como factor de suscitación sexual, tendrá una presencia enfática en el texto “orgasmo interdimensional”, cuyo clímax sobrevendrá luego del manipuleo obsesivo al que el protagonista somete a un cubo de juguete, que cobrara súbita vida cuando “cientos de pequeñas cadenas con garfios afilados emergieron del interior de aquel ser espectral, fijándose a todo mi cuerpo desgarrándome lentamente, excitándome, deshaciendo mi ser en un orgasmo inacabable, matándome”.
Cuentos dentro de los cuales el paroxismo textual esta articulado al cimas de tipo sexual, son aquellos en los que la voz protagónica se entrega con intensidad a encuentros amatorios con seres vivos o con muertos, o también consigo mismo, cuando practica el placer carnal en solitario.
Textos marcadamente eróticos constituyen “Serpientes en mi”,“El clímax del silencio” y “Conversación Final”, los que por su literaturalidad implícita no se internan en el campo de la explicitad pornográfica, sino que se mueven en un clima de abierta sugestividad.
“Aúllan las moscas” de manera ensordecedora cuando se posan sobre la textualidad pútrida de piezas de innegable calidad como “El Intercambio” y “Bajo las sombras del olvido”.
Cuento nimbado por un halo fantasmal, como el característico de la “Mansión Usher” de Edgar Allan Poe, es “El Intercambio”, el que presenta como foco argumental una situación del todo inédita en la realística nacional, la que obligado a enseñarle a su hermano menor, quien irremediablemente va a morir a causa de un cáncer terminal, el espacio en el que reposara su muerte por siempre: un cementerio.
Mención especial merecen los cuentos breves del narrador, todos ellos provistos del elemento sorpresa, cuando no de una dosis de humor negro, como los titulados “Velatorio”, “Claustrofobia”, “Uno de despedida”, etc. Destaca en estas piezas cortas el titulado “La Fiezta”, cuyo contenido ha sido verbalizado con dramatismo taurino, mediante el monologar de un toro sometido a las barbaridades de la “fiesta Brava”.
Con El Aullido de las Moscas, José Núñez del Arco ingresa por derecho propio, y bien consolidado, a los anales prestigiosos de ese rubro de la narrativa ecuatoriana, todavía poco cultivada, en el que la paranormalidad se fusiona al mundo real para entregarnos, productos en los que la opaca sombra de la premonición se conjuga con la luz del verdadero hallazgo literario.
Mi amiga, reportera y poeta Ezgui Aksoy ha enviando un par de poemas para colaborar con este humilde Blog, disculpen sus faltas ortograficas ya que obviamente el español no es su lengua natural:
DESPEDIDA
Las lagrimas de la gran cascada, Cayendo a la infinidad. Una hada llorona, que es maravillosa como la lluvia de primavera, Ha cerrado los ojos y cantando en negro; ‘ Mi caballero de noche, Cruce a traves de la niebla Y tome mi mano.’ Las lacrimas de la hada, Cayendo a la cascada...
Un cuchillo encantado, que es frio y puro, Lleva la muerte; la oscuridad absoluta. El cuchillo rasga la noche y la canción de la hada.
Las lacrimas de la gran cascada, Cayendo a la infinidad. Hay una hada llorona, que es maravillosa como la lluvia de primavera, Su sangre, Su sangre muy rojo, Ahoramente cayendo a la cascada;
Y la gran cascada, Cayendo Lentamente A la infinidad...
Ezgi AKSOY
EL PROBLEMA DE DIOS
Que oscura tu cara es; Como el sol amargo en mi corazon, Como el dolor, la agonia immortal en mi alma...
Que intensos tus ojos son; Como los mares lejanos y como el rio negro de la triztesa, Y como la sombra de la noche, que baila con las almas muertas...
Que habil manos tienes; Como la naturaleza, Y como la vida la misma...
Cuando era niño escribi un poema titulado: EL RELOJ y hace un tiempo atras estaba leyendo LAS FLORES DEL BIEN Y DEL MAL de Baudelaire y coincidentemente, aunque nunca lo había leido antes tenía un poema de igual nombre y el que se ha vuelta uno de mis nuevos favoritos. Ahora lo reprodusco a continuación:
¡Reloj! Dios espantoso, siniestro e impasible, Cuyo dedo amenaza, diciendonos: <<¡Recuerda!>> Los vibrantes Dolores en tu asustado pecho, Como en una diana pronto se clavarán;
El placer vaporoso huirá hacia el horizonte Como escapa una sílfide detrás del bastidor; Arranca cada instante un trozo de delicia Concedido a los hombres en su época mejor.
Tres mil seicientas veces cada hora, el Segundo Susurra: <<¡Acuérdate!>> -Con voz vertiginosa De insecto, Ahora dice: ¡Heme otra vez aquí, Ya succioné tu vida con mi trompa asquerosa!
¡Remenber! Esto memor! ¡Pródigo, Acuérdate! (Mi garganta métalica toda lengua conoce.) Ganga son los minutos, ¡oh alocado mortal! Y no hay que abandonarlos sin extraer su oro.
Acuérdate: es el Tiempo un tenaz jugador Que sin trampas te vence en cada envite. Es ley. Es voraz el abismo, se vacía la clepsidra.
Pronto sonará la hora en que el divino Azar, O la Augusta Virtud, tu aún intacta esposa, O el Arrepentimiento(¡oh esa posada última) Todo te dirá: <<¡Es tarde! ¡Muere, viejo cobarde!>>
Dentro de mi cabeza danzan imágenes que llenan de probabilidades una simple descicion por lo que en lugar de elegir una sola prefiero escribir la posibilidad que aunque prohibida podria arrancarme un sentimiento de libertad:
No es como paso pero esta imagen se acerca a la idea
La noche había caído lejos de casa y me encontraba acostado al lado de un dios en miniatura, en realidad era apenas un par de centímetros mas bajo que yo pero el verlo entre la luz mortecina de la habitación era como si de un antiguo dios se tratase mostrando su esplendoroso cuerpo ante mi, tan tranquilo y confiado a mi lado que no podía creer que al fin había encontrado al que había buscado por tanto tiempo. Lo quería como a un hermano pero esa noche el brillo de la televisión me hacia verlo con ojos diferentes cosa que me confundía ya que yo no hacía ese tipo de cosas, tenia una novia muy sexy y buenos estudios, no encontraba razón para que mi corazón me hablara de cosas que nunca se me hubieran ocurrido, pero esa noche no era la película la que no me dejaba dormir, era él.
Lo veía como un ser perfecto,
Despojándolo de toda maldad,
Un ángel,
Una estatua de la Roma antigua,
Un Dios hecho carne,
Era sin duda la lágrima de épocas olvidadas
La perfección en cuerpo y espíritu,
Nacido del olvido,
Destinado a ser eterno en mi memoria,
Soñando siempre con sus labios,
Que nunca tocaran los míos
Esos eran los pensamientos que surcaban mi mente mientras mis manos surcaban su piel que por alguna maldición bendita no había sido truncada con pelos, barros o arrugas. Me detuvo por unos instantes, recostando mi cabeza sobre su hombro, deseaba besarlo, tocar mis labios a aquellos gruesos campos de pasión que eran los suyos pero me negaba a hacerlo, lo quería demasiado como para hacerlo o tal vez era mi egoísmo que me gritaba que si lo hacia lo perdería para siempre.
Llore,
Y cuando mi última lagrima cayo,
De ella emergiste tú,
Perfecto,
Sin marca,
Ni pecado,
Un ángel prohibido,
Su piel es la seda,
Su risa la mía,
Sus labios un manjar,
Que tengo prohibido
Me decía mi mente una y otra vez mientras observaba como había quedado dormido con aquel short color caqui abierto, mostrando aquel interior rojo mientras sus manos parecían esconderse en sus partes mas privadas como protegiéndolas de un posible ataque que nunca sucedería. Lo bese en la mejilla, su única reacción fue darse la vuelta contra la pared y lanzar un corto suspiro. No quise hacer mas, no quise pensar en nada mas, preferí alejarme, hacía la fría noche; esa noche descubrí que yo era diferente y que él no es como yo(o tal vez no quiero que lo sea), nunca lo será, tal vez por eso lo amo y también lo odio un poco.
Desde hace algun tiempo he intentado crear Haikus dada mi afición a todo lo que venga de Asia, mas exactamente de Japón, no ha sido nada fácil debo decirlo por lo que a continuación plasmo un par de malos intentos de Haikus esperando que me den sus opiniones:
Ruidos nocturnos, enrojecen mis ojos, recordandome la hora de dormir.
Mientras te abrazo, tu codo se incrusta en mi cuello, deteniendo mis manos y mi deseo.
Nota: Aunque existen ciertas reglas en el Haiku que estoy seguro muchos de ustedes conocen su mayor exponente -Basho- no siempre las respetaba así que si ven alguna falla de la regla del Haiku, dejenla pasar...o no.