(El telón se levanta en un salón oscuro donde el
personaje sin nombre descansa en un desgastado sofá verde oliva. Un reflector
se enciende sobre él, revelando su presencia.)
Personaje
sin Nombre: (absorbiendo aire) ¿Quién soy?
(El personaje, forzado a abrir los ojos, examina el
escenario, caminando torpemente. En la oscuridad, sombras murmuran y esperan en
sillas de linóleo.)
Personaje
sin Nombre: (grita) Puedo ver que estoy en un teatro, pero ¿para qué clase de
presentación?
(El público murmura, desconcertado.)
Público: ¿Qué espera? ¿Esto es
parte de la obra?
Personaje
sin Nombre: (caminando) Puedo ver mis manos, suaves pero cansadas. ¿Soy un político
desprestigiado?
(Risas del público.)
Personaje
sin Nombre: No es broma, señores. La identidad es importante, más allá de la raza, la
familia y el trabajo diario.
(El director se comunica con algunos actores para
improvisar una salida rápida antes de que arruine la presentación.)
Personaje
sin Nombre: ¿Tendré algún perfil en redes sociales o solo fotos falsas para atraer a
inocentes estúpidos?
(El público murmura, confundido. Otros personajes salen
de entre las cortinas.)
Personaje
sin Nombre: ¿Son mi pasado que viene a llevarme o alucinaciones para volverme loco?
(Los personajes rodean al protagonista instándolo a
irse.)
Personaje
sin Nombre: ¡Ustedes no son mi pasado! Son el pasado de toda la humanidad. (Sacando
una pistola) Solo hay una forma de salir de esta locura.
(Los personajes suplican y tratan de detenerlo mientras
el protagonista sonríe.)
Personaje
sin Nombre: ¿Luego qué? Luego se cierra el telón.
(Dispara al aire, alejando a los demás personajes.)
Personaje
sin Nombre: (apuntando al pecho) Luego se cierra el telón.
(El protagonista dispara a su propio corazón. El público
aplaude, creyendo que es parte de la obra. La cortina se cierra mientras los
aplausos persisten en el aire.)
Irrespetando la línea imaginaria que separa lo real de lo onírico y lo espectral, José Núñez del Arco(Guayaquil 1980), nos introduce en las venas el liquidoescalofriante de los submundos ocultos, sirviéndose de un instrumentomediático: El aullido de las moscas, libro de pequeño formato cuyas apretadas paginas nos revelan a un genuino maestro de la Literatura del Terror, seguido del canon establecido por nombres tales como Mary Shelley, Edgar Allan Poe, Kramer y, un poco mas adelante, por Stephen King; pero a su vez, poseedor de un estilo propio, no solo porque ha sabido imprimirlo con solvencia en este, su cuentario iniciático, sino también porque dentro del rubro de la literatura ecuatoriana del terror, no se registra el nombre de ningún autor que haya podido llenar, aunque sea decorosamente, el espacio anotado.
La narrativa de Núñez del Arco, llena significativamente ese vacío con sus cuentos irreverentes, mezcla de premoniciones y miedos, pero también combinación atrevida de sexo locura y muerte.
El miedo esta impreso de manera recalcitrante en varios relatos de este ensordecedor “coro de aullidos” cuyo vigor espeluznante se hace presente desde el mismo autoprologo del libro, el que es una tacita advertencia del autor a sus potenciales lectores en el sentido de que los esperan historias desestabilizantes, narradas por una voluntad creativa “poseídas por fuerzas demoníacas”.
El miedo tratado en forma bifronte: el que experimenta la psiquis y el que palpita en el mundo externo, oprime entre estos dos aspectos al protagonista de “Tranquilizante Fílmico”, quien en si concentra los caracteres de los protagonistas de este cuentario: casi todos los personajes horrorizados del papel que les ha tocado cumplir dentro de las dramáticas situaciones que encaran los cuentos.
El miedo, como factor de suscitación sexual, tendrá una presencia enfática en el texto “orgasmo interdimensional”, cuyo clímax sobrevendrá luego del manipuleo obsesivo al que el protagonista somete a un cubo de juguete, que cobrara súbita vida cuando “cientos de pequeñas cadenas con garfios afilados emergieron del interior de aquel ser espectral, fijándose a todo mi cuerpo desgarrándome lentamente, excitándome, deshaciendo mi ser en un orgasmo inacabable, matándome”.
Cuentos dentro de los cuales el paroxismo textual esta articulado al cimas de tipo sexual, son aquellos en los que la voz protagónica se entrega con intensidad a encuentros amatorios con seres vivos o con muertos, o también consigo mismo, cuando practica el placer carnal en solitario.
Textos marcadamente eróticos constituyen “Serpientes en mi”,“El clímax del silencio” y “Conversación Final”, los que por su literaturalidad implícita no se internan en el campo de la explicitad pornográfica, sino que se mueven en un clima de abierta sugestividad.
“Aúllan las moscas” de manera ensordecedora cuando se posan sobre la textualidad pútrida de piezas de innegable calidad como “El Intercambio” y “Bajo las sombras del olvido”.
Cuento nimbado por un halo fantasmal, como el característico de la “Mansión Usher” de Edgar Allan Poe, es “El Intercambio”, el que presenta como foco argumental una situación del todo inédita en la realística nacional, la que obligado a enseñarle a su hermano menor, quien irremediablemente va a morir a causa de un cáncer terminal, el espacio en el que reposara su muerte por siempre: un cementerio.
Mención especial merecen los cuentos breves del narrador, todos ellos provistos del elemento sorpresa, cuando no de una dosis de humor negro, como los titulados “Velatorio”, “Claustrofobia”, “Uno de despedida”, etc. Destaca en estas piezas cortas el titulado “La Fiezta”, cuyo contenido ha sido verbalizado con dramatismo taurino, mediante el monologar de un toro sometido a las barbaridades de la “fiesta Brava”.
Con El Aullido de las Moscas, José Núñez del Arco ingresa por derecho propio, y bien consolidado, a los anales prestigiosos de ese rubro de la narrativa ecuatoriana, todavía poco cultivada, en el que la paranormalidad se fusiona al mundo real para entregarnos, productos en los que la opaca sombra de la premonición se conjuga con la luz del verdadero hallazgo literario.