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21.9.10

Los Niños del Abismo Cap.7

-7-

Jackie y Manuel caminaron al interior del gran edificio que alguna vez fue el orfanato donde el anciano vivió su infancia. La joven se empezaba a impacientar.

-          Manuel, puede dejar de lado toda esta mierda y decirme qué trama.
-          Las mujeres de hoy en día son demasiado directas, no hay diversión en eso, en otros tiempos podía usar este mismo teatro de ahora y partir a cualquier mujer en tres partes, en la alcoba, la cocina y la sala.

Al decir eso el hombre lanzó una carcajada estruendosa deteniéndose en medio del patio, irrumpiendo el silencio de aquel edificio vacío. Jackie lo miró con sus ojos claros con una expresión de asombro por aquellas palabras al tiempo que trataba de decir algo; no sabía si sentirse ofendida o compartir la risa por aquel comentario tan inusual.

-          Disculpa mi niña, no siempre puedo decir algo como eso, usualmente trato con gente tan estirada que no puedo sacar mi verdadero yo a flote, pero tienes razón, debo darte una explicación de porqué hago lo que hago; vamos a la vieja rectoría, ya está adecuada y allí te explicaré porqué fuiste elegida tú para escuchar mi historia, sígueme y sabrás la verdadera razón.

La mujer se dio cuenta que no iba a lanzar otro flashback sobre su infancia ni iba a divagar evadiendo la pregunta, esta vez iba a responder aquella pregunta que había quedado en el aire desde la primera vez que le propuso este extraño trato.

-          De acuerdo – dijo Jackie – no más historias, por lo menos hasta que me dé una razón para escucharlo, ¿está bien?
-          Si,  por completo – dijo Manuel mientras la guiaba a aquel salón donde empezó a contarle aquella historia sobre su vida y su infancia, la oficina del dirigente del orfanato al que todos llamaban El Conde.

El camino dentro del patio  fue bastante lento y empezaba a desesperar a Jackie, quien se sentía impaciente por la lentitud con la que el viejo fotógrafo caminaba hacia la antigua oficina, ¿cuánto podría tardarse? Era la pregunta que se hacía en su interior la joven vendedora. Parecía que llevaban horas dando pequeños pasitos hasta aquella oficina y finalmente llegaron al lugar, la puerta se abrió haciendo el mismo ruido que había hecho la primera vez que entraron al lugar.
El salón había sido restaurado, ahora era un salón de constante exhibición para antiguas fotos que el anciano poseía; algunas de sus primeros años en el orfanato.

Manuel encendió la luz que parpadeó un poco antes de que el lugar fuera iluminado completamente. La antes oscura y húmeda habitación que alguna vez fue la lujosa oficina de un misterioso extranjero, ahora era una constante exhibición de momentos congelados en la historia.

-          ¿Qué es este lugar? – preguntó Jackie sorprendida por el completo cambio que sufrió la habitación en tan poco tiempo.
-          Esto, mi querida niña, es una sección de mi memoria, son mis recuerdos de momentos que me son especiales.
-          No entiendo.
-          Tal vez lo entiendas cuando te lo explique de forma más detallada, por favor toma asiento y te lo explicaré.

Hubo por unos segundos un silencio perturbador mientras el viejo fotógrafo escrutaba en los ojos de Jackie como tratando de hallar un modo fácil de explicarle lo que tenía en su cabeza. Finalmente lo dijo:

-          No veo un modo sencillo de decirlo, finalmente creo que el mejor modo de decir algo importante es decirlo directamente; sin embargo es mucho más divertido darle vueltas al asunto, me alegra el día – sonrió Manuel.
-          Le estas dando vueltas al asunto a pesar de que acabas de decir que no lo harás, ¿podrías explicarte sin tanta vuelta?

Manuel suspiró suavemente y se acomodó sobre una silla.

-          Sí que sabes cómo quitarle la diversión a la conversación, mi niña.
-          Su  “diversión” como lo llama, me está empezando a calentar y le agradecería que me explique de forma directa y sin tantas estupideces.

El viejo la miró, sus ojos se iluminaron cuando ella dijo aquella frase; esbozó una sonrisa y se acomodó en la silla al tiempo que movía el cuello tratando de relajarlo.

-          Eres tal y como te imaginaba, dime algo, ¿recuerdas a tu madre?
-          ¿Qué tiene que ver mi madre en esto?
-          Solo responde la pregunta.
-          No, si necesita saberlo nunca conocí a mis verdaderos padres, pero qué tiene que ver eso con toda esta mierda
-          Vine porque le hice una promesa a tu madre.

Inesperadamente Manuel calló, prefirió observar la reacción de aquella bella joven para seguir con lo que a continuación tenía que decir.

-          ¿Qué, qué está pasando?, ¿es ésta alguna mala broma? – preguntó Jackie entre molesta y confundida.
-          No mi niña, no lo es; la promesa la hice hace mucho tiempo aunque pensé que nunca te encontraría, ¿quién pensarías que serías tú quien me vendería el antiguo orfanato?, pero te reconocí en cuanto vi tus ojos, son iguales a los de tu madre.

Lágrimas empezaron a brotar de los ojos de Jackie, era demasiado para entenderlo; los sentimientos se empezaban a acumular al igual que las preguntas y lo único que cabía en aquel momento eran las lágrimas; de alegría, desesperación, odio, tristeza.
Era difícil definir a qué sentimiento pertenecían en realidad estas lágrimas.

-          Tal vez desees que me detenga – dijo Manuel levantándose de la silla - ¿sabes? Siempre me gustó escribir, era uno de mis hobbies desde antes que mis padres murieran, eso es algo que mantengo en mi memoria; pensé que deberías saber por mí la historia de tu familia, tu madre y la razón que tuvo para abandonarte, es por eso que te forcé a este extraño trato.
-          ¿No hubiera sido mejor que hubiera empezado por esto desde un principio? – preguntó Jackie casi a gritos, mientras sus lágrimas aumentaban y su rostro se ponía rojo de furia.
-          Lo lamento mi niña, pensé que si te lo decía de buenas a primeras nunca aceptarías todo lo demás que te tengo que contar.
-          Aun así no tenía derecho a ocultarme esto, ¡es mi vida demonios, solo yo debo decidir!
-          Lo sé y lo lamento, nuestro trato queda desecho si así lo quieres, no habrán más historias.

Jackie secó sus lágrimas algo nerviosa por la información que acababa de recibir, respiró hondo y observó al viejo fotógrafo; sus ojos ahora estaban llenos de tristeza y arrepentimiento por lo que había hecho.
                
-          Deberé pensar sobre esto Don Manuel – dijo Jackie – la respuesta la tendrá mañana
-          Está bien; y si sirve de algo de verdad siento haberte hecho esto.
-          Sus disculpas no son suficiente Manuelito, pero es un comienzo, mañana le daré mi respuesta – dijo Jackie saliendo de aquella oficina al tiempo que veía de reojo las antiguas fotos que decoraban la habitación.

Una de ellas, la de un bebé de no más de unos días de nacida; tenía una marca en forma de media luna en su muslo derecho, extrañamente parecido al que ella tenía de nacimiento.




3.1.10

Capitulo 4 (Los Niños del Abismo)

Continuando con la historia que aqui estoy publicando les hago entrega del cuarto capitulo:


-4-


El día brillaba con un fuerte sol, era febrero y el calor y la humedad en esta ciudad aumentaba más cada día. Llovería en cualquier oportunidad. La joven de bienes raíces se sintió algo incomoda del trato con su más reciente cliente, un afamado fotógrafo quien se había asentado en su ciudad casi de improviso; aun se preguntaba la razón real ya que no todos regresan al lugar donde vivieron su infancia, especialmente si fue tan amarga como la del viejo.
“Tal Vez solo quiera desahogarse”  pensó la joven vendedora mientras tocaba el timbre de la gran casona al tiempo que distinguía a varios hombres pintando y rasqueteando las paredes mientras bromeaban y se insultaban a viva voz como si fueran los dueños del lugar. Uno de ellos detuvo su trabajo y se acercó a la puerta de reja para hablar con la joven.

-         ¿Si mi niña dígame?
-         Este...yo buscaba al Sr. Manuel – dijo la joven observando con un ligero desagrado al cholo descamisado y sudoroso que se había acercado a atenderla.
-         ¡Ah! Usted es la niña que Manuelito esperaba ¿verdad?, pase, pase que él está adentro en su vieja habitación, suba por esta escalera y siga por el corredor externo hasta la última puerta, allí lo encontrara, esta arreglándolo todo.

La muchacha se sorprendió de que aquel cholo apestoso tratara con tanta familiaridad a este gran fotógrafo quien distinguía un porte y unos modales tan finos como la aristocracia, le pareció algo molesto pero también gracioso.

-         Gracias señor – dijo la chica tapándose disimuladamente la nariz para evitar respirar aquel hediondo sudor.
-         De nada mi niña, siga nomás.

La muchacha se deslizó por el gran patio interior y observó a aquellos hombres de piel  oscura quienes detenían su trabajo  por unos segundos para observarla y mascullar algunos piropos y lanzar silbidos, ella se limitó a sonreír y a seguir hacia donde encontraría a Manuel; estaba ansiosa de escuchar más de aquel relato y tenía algunas preguntas más que hacerle sobre la razón de contárselo a ella específicamente.
Se detuvo de improviso antes de entrar a la habitación que le indicara el  albañil.
Había algo de desconfianza aun en su interior, se preguntaba por qué había aceptado su propuesta, ella tenía por regla general nunca involucrarse con sus clientes de ninguna forma con excepción de profesionalmente, ahora por segunda vez acudía a aquel inmueble como hipnotizada por aquel relato que pensándolo bien no era tan interesante como ella pensó en un principio, mas, la curiosidad pudo finalmente más que la razón, por algún motivo ella quería saber más.
Iba a tocar la puerta, sin embargo, esta se abrió con un ligero lamento.

-         ¿Manuelito?, ¿está usted aquí? – preguntó la vendedora, algo cautelosa de lo que pudiera encontrar allí.
-         ¿Señorita?, ¿ya es hora? ¡vaya!, quien lo hubiera pensado, pase, pase por favor me hará bien un descanso.
-         Gracias, disculpe por interrumpirlo.
-         Nada de eso, preparaba mi laboratorio de revelado en este lugar, nada del otro mundo – dijo mientras hacía a un lado una vieja fotografía enmarcada en madera dorada y por unos segundos se perdía en aquella imagen.
-         Si desea puedo venir más tarde, tal vez pueda hacer un espacio en mis ventas de la tarde para...
-         No, no cómo se le ocurre, todo está bien, por favor tome asiento, ¿desea algo de beber?
-         No para nada.
-         Sabe ahora que lo pienso no sé su nombre y el saludarla como “Srta. Vendedora” ya me está siendo un poco incomodo, ¿me podría decir su nombre?

La joven se sonrojó un poco, pensó que si se lo había mencionado, tal vez no lo hizo, sonrió tímidamente y se excusó por no habérselo dicho antes.

-         No se preocupe, tal vez lo mencionó antes, pero a mi edad es difícil recordar ciertas cosas – sonrió Manuel.
-         Aun así disculpe, Jacqueline Rodríguez es mi nombre, pero ya que estamos en confianza llámeme Jackie.
-         Ok Jackie, ¿empezamos?
-         Claro – respondió la joven abriendo sus ojos, emocionada por escuchar un poco más del relato de aquel anciano el cual la volvía a hipnotizar en sus tentáculos de recuerdos y sueños.
-         Entonces empecemos:























2.10.09

Los Hijos del Abismo (capitulo Uno)

-1-


El día brillaba con un intenso sol que asaba la piel, muy común en esta ciudad portuaria. Un viejo cubierto con unos inusuales ropajes color café claro y un bastón de madera fina caminaba hacia una gran edificación en donde en el exterior se apreciaban almacenes de varios tipos, tiendas, despensas, salones de medallas y trofeos, entre otros y entre esas tiendas una gran reja ricamente decorada cerrada con una gruesa cadena. El anciano observó el edificio esbozando una sonrisa nostálgica y palpó la cadena con la mano que sostenía el bastón, mientras que con la otra apretaba una bolsa de papel que llevaba con mucho cuidado.

- Disculpe señor – susurró una voz femenina detrás del viejo – no sabía a qué hora vendría así que salí a recorrer el sector.
- No se preocupe, yo tampoco estaba seguro cuando tendría ánimos para venir, entremos por favor.
- Claro, claro, después de usted.
- Gracias mi niña, pero las damas siempre serán primero – insistió el anciano con una reverencia.

Al entrar al patio interior, las rejas oxidadas chillaron casi como un lamento de bienvenida a su nuevo dueño, al tiempo que la joven de bienes raíces cerraba de nuevo la gruesa cadena y el antiguo candado para evitar visitas indeseables mientras se realizaba la reunión.

- Pasemos a la sala principal caballero.
- De acuerdo, pero le repito, nada de formalismos conmigo, Manuelito nomás.
- Bien; aunque es difícil acostumbrarme a decirle así a usted, digo ha sido un fotógrafo tan famoso y codiciado y si la mitad de lo que he escuchado de usted es verdad, entonces es la persona con más suerte en el mundo – decía la joven mientras le abría la puerta donde la transacción se realizaría.
- La mitad de lo que dice la gente son inventos y la otra mitad especulaciones, así que yo me dedico a no creer nada y a desconfiar del resto, mi niña, espero que no le moleste pero traje una botellita para celebrar el contrato y empezar con mi relato, si aun está de acuerdo con que lo haga.

La joven se lo quedó mirando, parecía como si el anciano tuviera dudas de contar lo que se mantenía en su interior, sin embargo ella asintió con una sonrisa; pero antes los negocios y sacando los contratos y las escrituras originales y copias notariadas y realizando las respectivas firmas y sellos, el traspaso de la propiedad donde ellos se encontraban era final y legal en lo absoluto, por lo que cualquier obligación de trabajo quedaba finiquitada.

- Ahora mi amiga, tomaremos vino y escuchará mi historia.
- Tal como lo prometí Manuelito, no puedo evitarlo, siempre me han gustado las historias.
- Y estoy seguro que esta le gustara bastante, mi niña......

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