Es un borrador sobre arte, opinión y literatura de un joven escritor y lo que encuentra en internet.
6.4.11
Precuela: El Septimo Vertice (Archivo 1)
24.1.11
Guayaquil bye, bye
Guayaquil está muerta, no existe más.
Todo empezó hace tres días como un juego absurdo y ahora todo desaparece ante mí, las calles están bañadas de sangre y tripas, en las aceras hay niños llorando pero eso no es nada nuevo, siempre hubo niños llorando solo que estos ahora sostienen las manos mutiladas de sus padres con la esperanza de que los guíen a salvo.
Es gracioso, esos mismos mocosos eran indiferentes ante las películas de horror y los films apocalípticos, como si cuando llegara el fin ellos serian los primeros en aceptarlo y reírse del asunto, ahora son los primeros en llorar y llamar a sus mamis.
Lanzo un corto suspiro, no puedo evitar sonreír al ver semejante caos, sabía que pasaría pero nadie me escucho, nadie me hizo caso y ahora que ha sucedido me siento triunfante, un triunfo estúpido pero un triunfo al fin. Por la radio dicen que una ola gigante se ha llevado casi todo Perú, las costas de Ecuador también, Guayaquil tuvo suerte, si el ser invadida por zombies es llamarlo suerte.
Las campanas están callando, el llanto está siendo reemplazado por los gemidos de cuerpos muertos mientras el fuego como una bestia incontrolable azota varios sectores de mi querida ciudad al tiempo que un olor a podrido inunda mis narices aun con la ventana de mi edificio cerrada. Cientos de golpes inundan la puerta principal de mi casa, tomo otro sorbo de whisky, suspiro una vez más, tomo mi machete dispuesto a luchar, mis piernas me tiemblan, estoy asustado y mientras la puerta se abre pesadamente veo a mis padres, a mis amigos y amantes estirando sus podridos miembros para saciar su eterna hambre por carne viva. Sin darme cuenta empiezo a reír sin parar mientras voy retrocediendo y cortando dedos, brazos y piernas al tiempo que un liquido rojo oscuro mancha mi rostro, un relámpago ilumina toda la escena, no puedo evitar sentirme triste pero no por lo que son sino por lo que tengo que hacer para estar vivo, me siento desesperado, sin salida, corro a la ventana mientras me abalanzo al vacio, esos pocos segundos se alargaron hasta casi parecer horas mientras caía del quinto piso a la acera.
Luego todo fue mejor, volví a ver a mis padres, a mis amigos y amantes, volvi a estar tranquilo y a sonreír, ya no sentía esa desesperación de hace unos instantes, el único problema era el hambre que me atacaba pero eso será fácil de mitigar, mientras haya carne viva nosotros siempre existiremos.
16.3.10
LoS NiÑos Del AbIsMo Cap. 5
1.11.09
Los Niños del Abismo(Cap.3)
- 3 -
- Es lo más interesante que he escuchado – dijo la joven con un rostro maravillado por las palabras de aquel distinguido caballero, mientras sorbía un poco del vino que contenía la copa.
El anciano sonrió y probó un poco del vino también, mientras suspiraba observando el líquido carmesí que contenía la copa, imbuido en sus propios recuerdos al tiempo que decía:
- Y es tan solo el principio.
- No puedo esperar a que me diga el resto – insistió la joven de bienes raíces, mientras se le iluminaba el rostro.
El anciano sorbió un poco más del vino, lanzó un largo suspiro y sonrió mostrando unos perfectos y blancos dientes a la joven vendedora.
- Todo a su tiempo mi amiga, si le contara toda la historia ahora, ¿dónde estaría la diversión?
La joven entendió que aquel abreboca sería todo lo que el anciano contaría sobre su vida en el orfanato por el día de hoy.
- Lamento haber sido tan insistente
- No se disculpe, venga a la misma hora mañana, esta vez me encontrará aquí mientras arreglo todo, le prometo que le contaré algo más sobre mi vida, si así lo desea.
La mujer asintió con una sonrisa.
La tarde agonizaba y, mientras la joven vendedora salía del edificio, veía como el anciano se detenía en mitad del patio interior observando las habitaciones ahora vacías del lugar, los pasillos y escaleras, era como si aun pudiera escuchar las risas y la humillación de su primer día en aquel lugar, al igual que el recuerdo de su salvadora la cual parecía traerle una sonrisa cada vez que la mencionaba, aquella actitud hizo que la vendedora sintiera más curiosidad sobre aquel viejo fotógrafo y la idea de regresar a escuchar el resto de la historia se hizo por demás irresistible.
18.10.09
Los Niños del abismo (Capitulo 2)
-2-
“No estoy seguro de quién fui, solo sé que cuando pisé éste edificio no sabía nada más y dudaba de todo y de todos; mis padres habían muerto y mis abuelos paternos que eran mi única familia no me querían, ellos tenían una casa a algunos kilómetros de aquí pero esa casa estaba vacía, les pertenecía pero por alguna razón que desconozco ellos preferían vivir en la capital y no en esta ciudad, apenas tenia ocho años y mi futuro parecía más oscuro cada vez, por donde lo mirase...”
Mientras el viejo mencionaba esta introducción a la muchacha, el vino tinto caía dentro de las copas haciendo un curioso sonido en aquel silencioso recinto y trayendo todos los recuerdos del anciano a su cabeza
“Recuerdo ser guiado por un muchacho de apenas veinte y pico de años de rostro pálido a través de una gran construcción en la que pude ver en una placa de mármol una imagen de Jesús con niños alrededor y una frase: <<>> esa placa de mármol es lo único que queda de aquellos días, eso y mis recuerdos:”
- Este es el muchacho del que le hablé, señor conde – dijo un joven mientras me sostenía de la mano izquierda, al tiempo que con mi derecha sujetaba fuertemente un peluche viejo.
- Así que este es Manuel, ¿eh? – dijo el caballero, quien a mi parecer lucía extremadamente anciano; con el tiempo me daría cuenta que no era tan viejo como pensaba – no te asustes mi niño, sé que esto es mucho para alguien como tu, solo trata de estar tranquilo; nada malo te sucederá, ahora estás entre amigos.
Yo hesité en ese momento, la sala donde había ingresado era inmensa y una gran chimenea calentaba el lugar, el cuarto se veía acogedor en extremo y lo complementaba la alfombra de pared a pared y la música que provenía de la victrola, el antecesor del equipo de sonido.
Extendí mi mano con una inmensa timidez soltando la del joven que me había acompaño desde el hospital hasta aquella inmensa casa y traté de esbozar una sonrisa, pero los puntos de las heridas aun estaban frescos y al tratar de sonreír solo pude soltar unas lagrimas de dolor.
- Ten calma mi niño, estás en casa ahora.
- Casa... – fue lo único que atiné a balbucear al tiempo que el joven me llevaba al patio interior fuera de la oficina de aquel elegante caballero.
- Te acomodaremos aquí por un tiempo Manuel, pronto te sentirás mejor – me dijo el joven, si embargo yo estaba más distraído por la inmensa luna llena que emergía de aquella noche estrellada, la cual parecía vigilar el singular edificio donde me encontraba.
Fui conducido a través de escaleras de cemento por un pasillo largo, hasta llegar a una puerta, en la habitación que estaba detrás de esta una luz aun estaba encendida; al abrir la puerta, el chirrido alertó a quienes estaban adentro y las risas y gritos en su interior cesaron de improviso.
Rostros infantiles se detuvieron observando al joven que me acompañaba y a mí mismo con extrema curiosidad mientras la luz de las velas les iluminaba el rostro.
- Siento interrumpirlos muchachos, pero les traigo un nuevo huésped para su cuarto – dijo el joven mientras me empujaba ligeramente al interior de aquella gran habitación.
- Es el nuevo que dijo el conde que vendría, ¿cierto? – preguntó un chico delgaducho y de mirada dura al tiempo que me examinaba de pies a cabeza.
- Así es Jorge, se llama Manuel, espero que lo hagan sentir en casa.
- No se preocupe señor, lo haremos sentir en casa – respondió un pequeño de cabello rubio y ojos saltones al tiempo que le guiñaba un ojo de manera cómplice a quien me acompañaba.
- Bien, pues los dejo para que se vayan conociendo. Tu cama es la de allá Manuelito, recuéstate mañana será un día ajetreado para ti – dijo el joven mientras me señalaba una mullida cama bien ordenada y lista para recibir un nuevo inquilino.
Caminé lentamente mientras sostenía con ambas manos mi bolso con tanta fuerza que parecía que se fundiría con mi cuerpo y con cada paso mi corazón parecía latir a mil por hora.
Todos los muchachos del amplio cuarto me miraban con extrema curiosidad mientras caminaba en medio del corredor de camas, algunos lo hacían de reojo mientras permanecían acostados, otros se habían sentados sobre sus camas para observarme mejor y algunos otros ni siquiera se habían interesado en observarme y permanecían dormidos profundamente; finalmente llegué a la cama señalada pero tenía miedo de subir a ella cuando una mano delgaducha me tomó del hombro sacándome de mis meditaciones y empujándome a la cama, no con furia o desgano sino de una forma amable y gentil, era el chico flacucho al que habían llamado Jorge.
Me estaba sonriendo, aunque a pesar de su sonrisa lo que más me impresionó fue su mirada la cual tenía una extraña mezcla de rudeza y ternura que me hizo temblar más que calmarme; tuve miedo de pronto ante aquella bizarra situación de en un momento a otro perder todo lo que había amado y vivir en un extraño lugar al que cada paso parecía una amenaza constante para mi.
- Estarás bien – me dijo el joven mientras me empujaba a mi cama – el lugar no es tan malo siempre que tengas los conocidos adecuados.
Aquella frase me intrigó en extremo, mas, preferí no preguntar solo me arrastré a mi cama a tratar de dormir aferrado aun a las pocas cosas que podía llamar mías.
No transcurrieron más de dos minutos de haberme acostado, cuando sentí unas manos frías sostenerme y arrancarme de la cama donde dormía; aquellas manos se volvieron en innumerables sombras en una noche inusualmente oscura, todo el edifico estaba en prácticamente absoluta oscuridad y no había ruido alguno a excepción de alguno que otros grillo lanzando su canto nocturno, mi corazón latía a mil por hora, hacía tan solo unos días había visto los cadáveres reventados de mis padres contra una calle de tierra y apenas hacía unas horas mi única familia había decidido olvidarme enviándome aquí; ahora cuando ya me sentía en casa y pensaba que podía dejar toda esa pesadilla atrás manos oscuras me agarraban y arrastraban a algún lugar desconocido.
- ¡No! Déjenme – grité, sin embargo una de esas manos me tapó la boca con una cinta para evitar que siga gritando.
- Sshhh, tranquilo esto pasa con todos – me dijo una de las sombras, mientras me arrastraba al patio interior y me sentaban en una silla en medio de este para luego alejarse del lugar.
Pasaron unos minutos; largos minutos que parecieron horas en donde me encontraba solo yo sentado en una silla, con una cinta tapándome la boca y con las manos y pies amarrados sin que nadie dijera nada de la razón por la que hacían eso. Finalmente gruesas lagrimas empezaron a caer de mis ojos, la presión era demasiada y la única forma de sacar el dolor era llorando; no paré de llorar, ni siquiera cuando todas las luces interiores del edifico se encendieron iluminándome y todos los niños y niñas del lugar se encontraban allí asomados riendo a carcajadas mientras me observaban llorar.
La risa aumentaba y ahogaban mis gemidos lastimeros. Cada risa parecía una explosión de hilarante felicidad por el sufrimiento que observaban en mis ojos, parecía que esa tortura duraría por siempre, pero inesperadamente todas las carcajadas se detuvieron de improviso.
Del lado izquierdo del gran patio bajó alguien; mis ojos llenos de lágrimas me hacían difícil distinguir quién era, descendió de entre el grupo de personas que me observaban riendo y al bajar la escalera hasta el patio interior pude observarla mejor, era una niña, no parecía tener más edad que yo, sus ojos café claro se iluminaban con fiereza al observar a los que se encontraban alrededor de los balcones y su pelo oscuro volaba con el viento.
Quería memorizar su rostro, recordar quién era ella para, tal vez agradecerle que acabara con esta tortura, pero mis ojos llenos de lágrimas apenas podían distinguir los rasgos ya mencionados. Ella se acercó, observó a todos a su alrededor con una mirada que solo podía pensar que era furia y finalmente se arrodilló ante mí y me desató.
- Estás bien – me dijo sin siquiera inmutar su rostro que permanecía inexpresivo, a excepción de sus ojos en los que podía adivinar algo de rencor y furia.
Mi primer instinto fue tratar de abrazarla, pero ella me apartó de inmediato, me tomó de la mano y me condujo hasta el cuarto, me acostó y luego de arroparme me dijo:
- Todo estará bien por la mañana, trata de dormir.
Su voz tranquilizó mi corazón y mi cuerpo se relajó, otra vez caía en el profundo sueño y aquel extraño ritual de tortura nocturna se empezaba a asemejar más a una pesadilla que a algo real.
- Mi nombre es Josselyn, siempre podrás contar conmigo – fue lo último que recuerdo de aquella primera noche, antes de caer en el más profundo sueño que jamás haya tenido o tuve desde que nací.
2.10.09
Los Hijos del Abismo (capitulo Uno)
El día brillaba con un intenso sol que asaba la piel, muy común en esta ciudad portuaria. Un viejo cubierto con unos inusuales ropajes color café claro y un bastón de madera fina caminaba hacia una gran edificación en donde en el exterior se apreciaban almacenes de varios tipos, tiendas, despensas, salones de medallas y trofeos, entre otros y entre esas tiendas una gran reja ricamente decorada cerrada con una gruesa cadena. El anciano observó el edificio esbozando una sonrisa nostálgica y palpó la cadena con la mano que sostenía el bastón, mientras que con la otra apretaba una bolsa de papel que llevaba con mucho cuidado.
- Disculpe señor – susurró una voz femenina detrás del viejo – no sabía a qué hora vendría así que salí a recorrer el sector.
- No se preocupe, yo tampoco estaba seguro cuando tendría ánimos para venir, entremos por favor.
- Claro, claro, después de usted.
- Gracias mi niña, pero las damas siempre serán primero – insistió el anciano con una reverencia.
Al entrar al patio interior, las rejas oxidadas chillaron casi como un lamento de bienvenida a su nuevo dueño, al tiempo que la joven de bienes raíces cerraba de nuevo la gruesa cadena y el antiguo candado para evitar visitas indeseables mientras se realizaba la reunión.
- Pasemos a la sala principal caballero.
- De acuerdo, pero le repito, nada de formalismos conmigo, Manuelito nomás.
- Bien; aunque es difícil acostumbrarme a decirle así a usted, digo ha sido un fotógrafo tan famoso y codiciado y si la mitad de lo que he escuchado de usted es verdad, entonces es la persona con más suerte en el mundo – decía la joven mientras le abría la puerta donde la transacción se realizaría.
- La mitad de lo que dice la gente son inventos y la otra mitad especulaciones, así que yo me dedico a no creer nada y a desconfiar del resto, mi niña, espero que no le moleste pero traje una botellita para celebrar el contrato y empezar con mi relato, si aun está de acuerdo con que lo haga.
La joven se lo quedó mirando, parecía como si el anciano tuviera dudas de contar lo que se mantenía en su interior, sin embargo ella asintió con una sonrisa; pero antes los negocios y sacando los contratos y las escrituras originales y copias notariadas y realizando las respectivas firmas y sellos, el traspaso de la propiedad donde ellos se encontraban era final y legal en lo absoluto, por lo que cualquier obligación de trabajo quedaba finiquitada.
- Ahora mi amiga, tomaremos vino y escuchará mi historia.
- Tal como lo prometí Manuelito, no puedo evitarlo, siempre me han gustado las historias.
- Y estoy seguro que esta le gustara bastante, mi niña......
Entrada destacada
¿Ebooks para latinoamerica?
Adoro el olor de los libros. El sentir la portada de los libros, comics o novelas gráficas en mis manos es algo casi mágico que crea una c...
-
Ya se estrenó el Superman de James Gunn. Y sorpresa: un alienígena con capa, criado por granjeros, resulta más humano, empático y coherente ...
-
Reflexionando por mi escabrosa vida de artista he juntado unos consejos que deseo compartir con ustedes: * No olviden hacer contactos. Eso h...

