Adoro ser el centro de atención en una sala donde no estoy presente; que murmuren sobre mi a mis espaldas y me lloren o me odien con locura.
Me gusta mantener mi oscuro anonimato en una extraña fama que baila entre los conocidos que me admiran secretamente y aquellos que me desprecian públicamente.
Tal vez no debería decir eso, soy un simple insecto aunque tenga infulas literarias, lo máximo que puedo hacer es zumbar entre la basura, pegado a las paredes de baños públicos y bibliotecas abandonadas, plasmando mis historias, soñando entre tantos bichos como yo en publicar un libro para humanos e insectos por igual.
Aun con todos esos sueños siento que la fama me llega de forma fugaz con el zumbar del matamoscas a pocos centímetros de mis alas.
Cuando leí sobre el linchamiento en Posorja hubo una mezcla a partes iguales de sorpresa y fastidio; sorpresa por la magnitud del evento y fastidio porque en cierta forma me siento identificado, no por ser una persona con un pasado criminal ni mucho menos sino porque lo de Posorja sucedió por un rumor que se regó como pólvora donde afirmaban que eran secuestradores de niños, cosa que se desmintió después de que las tres personas ya habían fallecido.
Toda mi vida he sido presa de rumores y chismes de personas mal intencionadas donde se ha afirmado que soy un ladrón, un drogadicto o cosas peores que prefiero no reproducir, todo porque soy diferente, hablo diferente, visto diferente, leo y escucho música de manera diferente, se que no soy el único que es presa de rumores mal intencionados de vecinos o falsos amigos cuya lengua es mas afilada que el machete pero hubo uno en donde hasta de brujo se me acuso y termine por explicarle a un policía que era un mal entendido para vergüenza mía y de mis padres y es por eso que me siento parcialmente identificado y ligeramente fastidiado.
El linchamiento se ha vuelto un arma común para el pueblo en especial en años recientes, para ejemplo un par de fechas a recordar: el 9 de marzo del 2018 un hombre fue atado a un poste y quemado en el sur de Quito luego de que supuestamente asaltara a un hombre, en Portoviejo en cambio, el 16 de octubre del 2018 la policía evito que una turba linchara a dos sujetos que supuestamente robó a un adolescente en el parque Las Vegas. El ataque en grandes grupos de personas hacia delincuentes es algo ya común en ciertos pueblos del Ecuador y conversando con varios amigos y conocidos concluyen que hay varios que son importantes señalar como: la desconfianza hacia las autoridades y el sistemas de justicias, pero el mas importante y el tema que trataremos aquí es el dejarse llevar por rumores o chismes.
Lo de Posorja es el segundo linchamiento efectivo en menos de ocho meses y el mas impactante al punto que periódicos y canales de televisión incluso del extranjero han reportado el ataque de la turba a la unidad policial y la subsecuente matanza de los 3 delincuentes que al final no eran secuestradores sino que, según la policía, habían sido detenidas para ser investigadas por delincuencia común.
Comparar los rumores y chismes de los que fui y aun soy presa con los que terminaron con estas personas que están mas cerca de la delincuencia de lo que yo estaré en toda mi vida podría leerse absurdo a primera vista pero analicemos un poco esto, sino fuera por los rumores iniciados por una madre de familia la turba no se hubiera formado y si el ecuatoriano común no desconfiara tanto del sistema de justicia del país no hubiera atacado la unidad policial y ahí es cuando me entra la duda, ¿Qué pasaría si eso me hubiera pasado a mí? Y es la pregunta que debe hacerse cada lector porque a pesar de que no seamos delincuentes los chismes pueden terminar hiriendo y los rumores matando.
Jackie y Manuel caminaron al interior del gran edificio que alguna vez fue el orfanato donde el anciano vivió su infancia. La joven se empezaba a impacientar.
-Manuel, puede dejar de lado toda esta mierda y decirme qué trama.
-Las mujeres de hoy en día son demasiado directas, no hay diversión en eso, en otros tiempos podía usar este mismo teatro de ahora y partir a cualquier mujer en tres partes, en la alcoba, la cocina y la sala.
Al decir eso el hombre lanzó una carcajada estruendosa deteniéndose en medio del patio, irrumpiendo el silencio de aquel edificio vacío. Jackie lo miró con sus ojos claros con una expresión de asombro por aquellas palabras al tiempo que trataba de decir algo; no sabía si sentirse ofendida o compartir la risa por aquel comentario tan inusual.
-Disculpa mi niña, no siempre puedo decir algo como eso, usualmente trato con gente tan estirada que no puedo sacar mi verdadero yo a flote, pero tienes razón, debo darte una explicación de porqué hago lo que hago; vamos a la vieja rectoría, ya está adecuada y allí te explicaré porqué fuiste elegida tú para escuchar mi historia, sígueme y sabrás la verdadera razón.
La mujer se dio cuenta que no iba a lanzar otro flashback sobre su infancia ni iba a divagar evadiendo la pregunta, esta vez iba a responder aquella pregunta que había quedado en el aire desde la primera vez que le propuso este extraño trato.
-De acuerdo – dijo Jackie – no más historias, por lo menos hasta que me dé una razón para escucharlo, ¿está bien?
-Si, por completo – dijo Manuel mientras la guiaba a aquel salón donde empezó a contarle aquella historia sobre su vida y su infancia, la oficina del dirigente del orfanato al que todos llamaban El Conde.
El camino dentro del patio fue bastante lento y empezaba a desesperar a Jackie, quien se sentía impaciente por la lentitud con la que el viejo fotógrafo caminaba hacia la antigua oficina, ¿cuánto podría tardarse? Era la pregunta que se hacía en su interior la joven vendedora. Parecía que llevaban horas dando pequeños pasitos hasta aquella oficina y finalmente llegaron al lugar, la puerta se abrió haciendo el mismo ruido que había hecho la primera vez que entraron al lugar.
El salón había sido restaurado, ahora era un salón de constante exhibición para antiguas fotos que el anciano poseía; algunas de sus primeros años en el orfanato.
Manuel encendió la luz que parpadeó un poco antes de que el lugar fuera iluminado completamente. La antes oscura y húmeda habitación que alguna vez fue la lujosa oficina de un misterioso extranjero, ahora era una constante exhibición de momentos congelados en la historia.
-¿Qué es este lugar? – preguntó Jackie sorprendida por el completo cambio que sufrió la habitación en tan poco tiempo.
-Esto, mi querida niña, es una sección de mi memoria, son mis recuerdos de momentos que me son especiales.
-No entiendo.
-Tal vez lo entiendas cuando te lo explique de forma más detallada, por favor toma asiento y te lo explicaré.
Hubo por unos segundos un silencio perturbador mientras el viejo fotógrafo escrutaba en los ojos de Jackie como tratando de hallar un modo fácil de explicarle lo que tenía en su cabeza. Finalmente lo dijo:
-No veo un modo sencillo de decirlo, finalmente creo que el mejor modo de decir algo importante es decirlo directamente; sin embargo es mucho más divertido darle vueltas al asunto, me alegra el día – sonrió Manuel.
-Le estas dando vueltas al asunto a pesar de que acabas de decir que no lo harás, ¿podrías explicarte sin tanta vuelta?
Manuel suspiró suavemente y se acomodó sobre una silla.
-Sí que sabes cómo quitarle la diversión a la conversación, mi niña.
-Su “diversión” como lo llama, me está empezando a calentar y le agradecería que me explique de forma directa y sin tantas estupideces.
El viejo la miró, sus ojos se iluminaron cuando ella dijo aquella frase; esbozó una sonrisa y se acomodó en la silla al tiempo que movía el cuello tratando de relajarlo.
-Eres tal y como te imaginaba, dime algo, ¿recuerdas a tu madre?
-¿Qué tiene que ver mi madre en esto?
-Solo responde la pregunta.
-No, si necesita saberlo nunca conocí a mis verdaderos padres, pero qué tiene que ver eso con toda esta mierda
-Vine porque le hice una promesa a tu madre.
Inesperadamente Manuel calló, prefirió observar la reacción de aquella bella joven para seguir con lo que a continuación tenía que decir.
-¿Qué, qué está pasando?, ¿es ésta alguna mala broma? – preguntó Jackie entre molesta y confundida.
-No mi niña, no lo es; la promesa la hice hace mucho tiempo aunque pensé que nunca te encontraría, ¿quién pensarías que serías tú quien me vendería el antiguo orfanato?, pero te reconocí en cuanto vi tus ojos, son iguales a los de tu madre.
Lágrimas empezaron a brotar de los ojos de Jackie, era demasiado para entenderlo; los sentimientos se empezaban a acumular al igual que las preguntas y lo único que cabía en aquel momento eran las lágrimas; de alegría, desesperación, odio, tristeza.
Era difícil definir a qué sentimiento pertenecían en realidad estas lágrimas.
-Tal vez desees que me detenga – dijo Manuel levantándose de la silla - ¿sabes? Siempre me gustó escribir, era uno de mis hobbies desde antes que mis padres murieran, eso es algo que mantengo en mi memoria; pensé que deberías saber por mí la historia de tu familia, tu madre y la razón que tuvo para abandonarte, es por eso que te forcé a este extraño trato.
-¿No hubiera sido mejor que hubiera empezado por esto desde un principio? – preguntó Jackie casi a gritos, mientras sus lágrimas aumentaban y su rostro se ponía rojo de furia.
-Lo lamento mi niña, pensé que si te lo decía de buenas a primeras nunca aceptarías todo lo demás que te tengo que contar.
-Aun así no tenía derecho a ocultarme esto, ¡es mi vida demonios, solo yo debo decidir!
-Lo sé y lo lamento, nuestro trato queda desecho si así lo quieres, no habrán más historias.
Jackie secó sus lágrimas algo nerviosa por la información que acababa de recibir, respiró hondo y observó al viejo fotógrafo; sus ojos ahora estaban llenos de tristeza y arrepentimiento por lo que había hecho.
-Deberé pensar sobre esto Don Manuel – dijo Jackie – la respuesta la tendrá mañana
-Está bien; y si sirve de algo de verdad siento haberte hecho esto.
-Sus disculpas no son suficiente Manuelito, pero es un comienzo, mañana le daré mi respuesta – dijo Jackie saliendo de aquella oficina al tiempo que veía de reojo las antiguas fotos que decoraban la habitación.
Una de ellas, la de un bebé de no más de unos días de nacida; tenía una marca en forma de media luna en su muslo derecho, extrañamente parecido al que ella tenía de nacimiento.
Y siguiendo con esta historia la cual estoy posteando en fragmentos en mi Blog a continuacion el capitulo Cinco, disfrutenla:
- 5 -
El sol golpeaba este edificio y la luz se abría paso con fuerza a través de las ventanas abiertas del orfanato, yo aun me encontraba en cama, no quería salir después de aquel recibimiento de la madrugada anterior, deseaba dormir, morir tal vez; ya no lo recuerdo bien me limitaba a esconderme bajo mis cobijas y llorar.
Una sombra se acercó a mí, podía observarla a través de las cobijas que tapaban mi rostro. Se sentó en mi cama, tan cerca de mí que podía sentir el calor de su cuerpo, no era como el sofocante calor del sol, era más cálido, me brindaba una singular calma.
-El llorar por lo que sucedió anoche no hará que el hecho se vaya – me dijo una voz la cual no pude distinguir si era una niña o un niño – Jorge y los otros chicos y chicas del orfanato siempre dan así la bienvenida a los nuevos, trata de dejarlo atrás igual que la razón que te trajo aquí, si sigues dándole vuelta solo te causarás mayor dolor, sal y pon una sonrisa en tu rostro.
-¿Quién...?
No pude terminar mi pregunta ya que al querer ver quién era, aquella delgada sombra salía del gran cuarto, había demasiado sol y no supe quién era, no en ese momento al menos.
Salí del cuarto; finalmente lo hice al pensar en aquellas palabras que me ayudaron a dejar atrás, por el momento, todo lo sucedido la madrugada anterior. Me asomé al balcón y pude ver como todos jugaban, la imagen era apacible casi como un pequeño paraíso, pareciera que nadie estuviera solo, todos sonreían y jugaban a las escondidas, las quemadas y al fútbol; sin embargo sentía que bajo esa felicidad cada uno de ellos sufría igual o más que yo; lancé un suspiro y observé a todos ellos, traté de memorizar sus rostros, tener un recuerdo de ellos en mi cabeza y aunque, sabía bien que el tiempo borraría la mayoría de sus rostros, igual lo intenté.
Unas suaves notas me hicieron olvidar aquella idea, parecía una flauta, era el sonido más armonioso que había escuchado, y eso que mi padre tocaba la guitarra de una forma increíble, mas, aquellas notas me atrajeron hacia la persona que la tocaba; sentía que mi corazón pesaba menos y que mis penas eran solo malos sueños, esa música me hacía sentir libre como hace tiempo no me sentía.
Caminé unos pasos hacia una gran puerta de madera cerrada en el segundo piso, había un cartel escrito “salón de música” y yo abrí la puerta cautelosamente, no quería que mi presencia interrumpiera a quien tocaba aquellas notas, tan bellas para mí.
Una figura se encontraba parada en medio del salón, su postura era estoica, como la de una estatua, por unos momentos pensé que era una pero pude notar el rápido movimiento de sus dedos en la flauta blanca que tenía en sus manos y el lento movimiento al son de la música, una muchacha estaba sentada observando a quien tocaba la flauta con una sonrisa en su rostro. No entré, no me pareció correcto, simplemente asomé mi rostro y me quedé allí, escuchando aquellas armoniosas notas tan dulces que pensé que calmarían al dragón más fiero si las oyera.
La música se detuvo después de un tiempo que pareció eterno. Unos aplausos sonaron en aquella habitación retumbando en las paredes del salón de música.
-Tocas increíble, siempre sabes qué melodía tocar para tranquilizarme – dijo la chica mientras se acercaba un poco a la luz.
Era Josselyn, la chica quien me había salvado de aquella tortura la madrugada anterior, la vi sonreír a aquel chico y darle un beso en la mejilla; el muchacho no se movió, se limitó a mirar al piso.
Su mirada era la de alguien perdido en un mar de dolor, por momentos mi dolor pareció insignificante al ver sus ojos llenos de vacío y tristeza.
-¿Te quedarás allí o entrarás? – preguntó Josselyn mientras se separaba lentamente del muchacho.
Me sorprendí que se hubiera dado cuenta de mi presencia.
-Este... perdón – dije excusándome mientras me sonrojaba por aquella incómoda situación.
-No te disculpes – me respondió Josselyn – pasa si quieres.
Pasé cerrando la puerta detrás de mí, con curiosidad de aquel muchacho y de la chica, mi salvadora.
-Me llamo Josselyn – dijo la joven como si se presentara por primera vez ante mi – el es Andrés, ¿cuál es tu nombre?
-Soy Manuel – respondí casi en susurros, no estaba seguro de porqué había vuelto a presentarse, lo que sí estaba seguro era que estaba feliz de conocer a Josselyn al fin.
-Bien Manuel, ¿qué te trae por aquí? – preguntó la joven recogiendo su cabello castaño en un moño y observándome con una absoluta seriedad, mientras el muchacho me miraba sin mostrar sentimiento alguno, ni siquiera miedo o curiosidad.
-No entiendo – respondí extrañado por aquella pregunta tan inusual.
Ella me sonrió mientras se sentaba de una forma casi varonil y junto a ella se sentaba aquel muchacho cuyos ojos verdes no paraban de observarme sin mostrar ninguna emoción.
-Todos somos huérfanos, cada uno tiene su historia de cómo llegamos acá, normalmente a mi no me interesa la historia de ninguno de ellos, pero ahora quiero saber tu historia.
Sus palabras bien pronunciadas y seguras me sorprendieron al tiempo que sus ojos oscuros me escrutaban como hacen los gatos antes de atrapar a su presa.
-Soy Manuel – repetí – mis padres murieron en un accidente y mis abuelos no me quieren, estoy solo, solo, solo, solo – repetí como una letanía casi aprendida en algún viejo sueño.
Ella paro de sonreír mientras seguía repitiendo que estaba solo, se levantó de su silla y caminó hacia mí; por unos segundos pensé que me golpearía, se detuvo frente a mí y para mi sorpresa, me abrazó tan fuerte que pensé me dejaría inconsciente con su fuerza, beso mi mejilla y me dijo:
-Te prometo que siempre me tendrás a tu lado, de ahora en adelante ya no estarás solo.
Sus palabras me sorprendieron lo suficiente como para dejar de repetir que estaba solo pues aquella muchacha me ofrecía su corazón y amistad sin pedirme nada a cambio.
-¿Por qué lo hizo? – preguntó la joven de bienes raíces interrumpiendo el relato del anciano.
-No lo sé – respondió el anciano – tal vez porque vio en mí la misma soledad que ella tenía en su interior, tal vez le pareció conveniente un aliado más en aquel lugar; lo cierto es que nunca pregunté, simplemente acepté su amistad.
-Por favor, continué, ¿qué pasó después?, ¿quién era ese muchacho de la flauta? Hasta ahora no me ha hablado de él y tampoco de aquel misterioso Conde que dirigía el orfanato, por favor dígame más de la historia.
El anciano sonrió al tiempo que se levantaba del asiento donde se encontraba, se estiró un poco y lanzó un largo suspiro mientras observaba el cuarto con las máquinas de revelado, químicos y demás materiales para su trabajo como fotógrafo.
-Tenga paciencia señorita, lo sabrá todo a su tiempo por ahora le diré que ya es hora de terminar con mi relato; se hace tarde y estoy seguro que tiene trabajo por hacer.
La joven observó su reloj, eran las 4.55 de la tarde, tenía una cita a las 5.00 de la tarde en Urdesa, no tenía mucho tiempo, apenas el preciso para despedirse y correr a reunirse con su cliente para una nueva y potencial venta.
-Nos veremos mañana mi amiga, seguiremos donde nos quedamos – gritó el anciano al tiempo que la joven corría fuera de la habitación haciendo entrar la luz del atardecer a aquel salón lleno en la semioscuridad.
Un viento frío ingresó al lugar donde el viejo se encontraba mezclándose con el calor del sol tropical, como una caricia del pasado solo para el viejo fotógrafo, al tiempo que sonreía regresando al pasado y perdiéndose en sus recuerdos.
Irrespetando la línea imaginaria que separa lo real de lo onírico y lo espectral, José Núñez del Arco(Guayaquil 1980), nos introduce en las venas el liquidoescalofriante de los submundos ocultos, sirviéndose de un instrumentomediático: El aullido de las moscas, libro de pequeño formato cuyas apretadas paginas nos revelan a un genuino maestro de la Literatura del Terror, seguido del canon establecido por nombres tales como Mary Shelley, Edgar Allan Poe, Kramer y, un poco mas adelante, por Stephen King; pero a su vez, poseedor de un estilo propio, no solo porque ha sabido imprimirlo con solvencia en este, su cuentario iniciático, sino también porque dentro del rubro de la literatura ecuatoriana del terror, no se registra el nombre de ningún autor que haya podido llenar, aunque sea decorosamente, el espacio anotado.
La narrativa de Núñez del Arco, llena significativamente ese vacío con sus cuentos irreverentes, mezcla de premoniciones y miedos, pero también combinación atrevida de sexo locura y muerte.
El miedo esta impreso de manera recalcitrante en varios relatos de este ensordecedor “coro de aullidos” cuyo vigor espeluznante se hace presente desde el mismo autoprologo del libro, el que es una tacita advertencia del autor a sus potenciales lectores en el sentido de que los esperan historias desestabilizantes, narradas por una voluntad creativa “poseídas por fuerzas demoníacas”.
El miedo tratado en forma bifronte: el que experimenta la psiquis y el que palpita en el mundo externo, oprime entre estos dos aspectos al protagonista de “Tranquilizante Fílmico”, quien en si concentra los caracteres de los protagonistas de este cuentario: casi todos los personajes horrorizados del papel que les ha tocado cumplir dentro de las dramáticas situaciones que encaran los cuentos.
El miedo, como factor de suscitación sexual, tendrá una presencia enfática en el texto “orgasmo interdimensional”, cuyo clímax sobrevendrá luego del manipuleo obsesivo al que el protagonista somete a un cubo de juguete, que cobrara súbita vida cuando “cientos de pequeñas cadenas con garfios afilados emergieron del interior de aquel ser espectral, fijándose a todo mi cuerpo desgarrándome lentamente, excitándome, deshaciendo mi ser en un orgasmo inacabable, matándome”.
Cuentos dentro de los cuales el paroxismo textual esta articulado al cimas de tipo sexual, son aquellos en los que la voz protagónica se entrega con intensidad a encuentros amatorios con seres vivos o con muertos, o también consigo mismo, cuando practica el placer carnal en solitario.
Textos marcadamente eróticos constituyen “Serpientes en mi”,“El clímax del silencio” y “Conversación Final”, los que por su literaturalidad implícita no se internan en el campo de la explicitad pornográfica, sino que se mueven en un clima de abierta sugestividad.
“Aúllan las moscas” de manera ensordecedora cuando se posan sobre la textualidad pútrida de piezas de innegable calidad como “El Intercambio” y “Bajo las sombras del olvido”.
Cuento nimbado por un halo fantasmal, como el característico de la “Mansión Usher” de Edgar Allan Poe, es “El Intercambio”, el que presenta como foco argumental una situación del todo inédita en la realística nacional, la que obligado a enseñarle a su hermano menor, quien irremediablemente va a morir a causa de un cáncer terminal, el espacio en el que reposara su muerte por siempre: un cementerio.
Mención especial merecen los cuentos breves del narrador, todos ellos provistos del elemento sorpresa, cuando no de una dosis de humor negro, como los titulados “Velatorio”, “Claustrofobia”, “Uno de despedida”, etc. Destaca en estas piezas cortas el titulado “La Fiezta”, cuyo contenido ha sido verbalizado con dramatismo taurino, mediante el monologar de un toro sometido a las barbaridades de la “fiesta Brava”.
Con El Aullido de las Moscas, José Núñez del Arco ingresa por derecho propio, y bien consolidado, a los anales prestigiosos de ese rubro de la narrativa ecuatoriana, todavía poco cultivada, en el que la paranormalidad se fusiona al mundo real para entregarnos, productos en los que la opaca sombra de la premonición se conjuga con la luz del verdadero hallazgo literario.