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3.1.10

Capitulo 4 (Los Niños del Abismo)

Continuando con la historia que aqui estoy publicando les hago entrega del cuarto capitulo:


-4-


El día brillaba con un fuerte sol, era febrero y el calor y la humedad en esta ciudad aumentaba más cada día. Llovería en cualquier oportunidad. La joven de bienes raíces se sintió algo incomoda del trato con su más reciente cliente, un afamado fotógrafo quien se había asentado en su ciudad casi de improviso; aun se preguntaba la razón real ya que no todos regresan al lugar donde vivieron su infancia, especialmente si fue tan amarga como la del viejo.
“Tal Vez solo quiera desahogarse”  pensó la joven vendedora mientras tocaba el timbre de la gran casona al tiempo que distinguía a varios hombres pintando y rasqueteando las paredes mientras bromeaban y se insultaban a viva voz como si fueran los dueños del lugar. Uno de ellos detuvo su trabajo y se acercó a la puerta de reja para hablar con la joven.

-         ¿Si mi niña dígame?
-         Este...yo buscaba al Sr. Manuel – dijo la joven observando con un ligero desagrado al cholo descamisado y sudoroso que se había acercado a atenderla.
-         ¡Ah! Usted es la niña que Manuelito esperaba ¿verdad?, pase, pase que él está adentro en su vieja habitación, suba por esta escalera y siga por el corredor externo hasta la última puerta, allí lo encontrara, esta arreglándolo todo.

La muchacha se sorprendió de que aquel cholo apestoso tratara con tanta familiaridad a este gran fotógrafo quien distinguía un porte y unos modales tan finos como la aristocracia, le pareció algo molesto pero también gracioso.

-         Gracias señor – dijo la chica tapándose disimuladamente la nariz para evitar respirar aquel hediondo sudor.
-         De nada mi niña, siga nomás.

La muchacha se deslizó por el gran patio interior y observó a aquellos hombres de piel  oscura quienes detenían su trabajo  por unos segundos para observarla y mascullar algunos piropos y lanzar silbidos, ella se limitó a sonreír y a seguir hacia donde encontraría a Manuel; estaba ansiosa de escuchar más de aquel relato y tenía algunas preguntas más que hacerle sobre la razón de contárselo a ella específicamente.
Se detuvo de improviso antes de entrar a la habitación que le indicara el  albañil.
Había algo de desconfianza aun en su interior, se preguntaba por qué había aceptado su propuesta, ella tenía por regla general nunca involucrarse con sus clientes de ninguna forma con excepción de profesionalmente, ahora por segunda vez acudía a aquel inmueble como hipnotizada por aquel relato que pensándolo bien no era tan interesante como ella pensó en un principio, mas, la curiosidad pudo finalmente más que la razón, por algún motivo ella quería saber más.
Iba a tocar la puerta, sin embargo, esta se abrió con un ligero lamento.

-         ¿Manuelito?, ¿está usted aquí? – preguntó la vendedora, algo cautelosa de lo que pudiera encontrar allí.
-         ¿Señorita?, ¿ya es hora? ¡vaya!, quien lo hubiera pensado, pase, pase por favor me hará bien un descanso.
-         Gracias, disculpe por interrumpirlo.
-         Nada de eso, preparaba mi laboratorio de revelado en este lugar, nada del otro mundo – dijo mientras hacía a un lado una vieja fotografía enmarcada en madera dorada y por unos segundos se perdía en aquella imagen.
-         Si desea puedo venir más tarde, tal vez pueda hacer un espacio en mis ventas de la tarde para...
-         No, no cómo se le ocurre, todo está bien, por favor tome asiento, ¿desea algo de beber?
-         No para nada.
-         Sabe ahora que lo pienso no sé su nombre y el saludarla como “Srta. Vendedora” ya me está siendo un poco incomodo, ¿me podría decir su nombre?

La joven se sonrojó un poco, pensó que si se lo había mencionado, tal vez no lo hizo, sonrió tímidamente y se excusó por no habérselo dicho antes.

-         No se preocupe, tal vez lo mencionó antes, pero a mi edad es difícil recordar ciertas cosas – sonrió Manuel.
-         Aun así disculpe, Jacqueline Rodríguez es mi nombre, pero ya que estamos en confianza llámeme Jackie.
-         Ok Jackie, ¿empezamos?
-         Claro – respondió la joven abriendo sus ojos, emocionada por escuchar un poco más del relato de aquel anciano el cual la volvía a hipnotizar en sus tentáculos de recuerdos y sueños.
-         Entonces empecemos:























2.10.09

Los Hijos del Abismo (capitulo Uno)

-1-


El día brillaba con un intenso sol que asaba la piel, muy común en esta ciudad portuaria. Un viejo cubierto con unos inusuales ropajes color café claro y un bastón de madera fina caminaba hacia una gran edificación en donde en el exterior se apreciaban almacenes de varios tipos, tiendas, despensas, salones de medallas y trofeos, entre otros y entre esas tiendas una gran reja ricamente decorada cerrada con una gruesa cadena. El anciano observó el edificio esbozando una sonrisa nostálgica y palpó la cadena con la mano que sostenía el bastón, mientras que con la otra apretaba una bolsa de papel que llevaba con mucho cuidado.

- Disculpe señor – susurró una voz femenina detrás del viejo – no sabía a qué hora vendría así que salí a recorrer el sector.
- No se preocupe, yo tampoco estaba seguro cuando tendría ánimos para venir, entremos por favor.
- Claro, claro, después de usted.
- Gracias mi niña, pero las damas siempre serán primero – insistió el anciano con una reverencia.

Al entrar al patio interior, las rejas oxidadas chillaron casi como un lamento de bienvenida a su nuevo dueño, al tiempo que la joven de bienes raíces cerraba de nuevo la gruesa cadena y el antiguo candado para evitar visitas indeseables mientras se realizaba la reunión.

- Pasemos a la sala principal caballero.
- De acuerdo, pero le repito, nada de formalismos conmigo, Manuelito nomás.
- Bien; aunque es difícil acostumbrarme a decirle así a usted, digo ha sido un fotógrafo tan famoso y codiciado y si la mitad de lo que he escuchado de usted es verdad, entonces es la persona con más suerte en el mundo – decía la joven mientras le abría la puerta donde la transacción se realizaría.
- La mitad de lo que dice la gente son inventos y la otra mitad especulaciones, así que yo me dedico a no creer nada y a desconfiar del resto, mi niña, espero que no le moleste pero traje una botellita para celebrar el contrato y empezar con mi relato, si aun está de acuerdo con que lo haga.

La joven se lo quedó mirando, parecía como si el anciano tuviera dudas de contar lo que se mantenía en su interior, sin embargo ella asintió con una sonrisa; pero antes los negocios y sacando los contratos y las escrituras originales y copias notariadas y realizando las respectivas firmas y sellos, el traspaso de la propiedad donde ellos se encontraban era final y legal en lo absoluto, por lo que cualquier obligación de trabajo quedaba finiquitada.

- Ahora mi amiga, tomaremos vino y escuchará mi historia.
- Tal como lo prometí Manuelito, no puedo evitarlo, siempre me han gustado las historias.
- Y estoy seguro que esta le gustara bastante, mi niña......

18.12.08

VAMPIRO DE PORCELANA

Manuscrito encontrado en la Biblioteca nacional de Madrid por un amigo mío en 1989. A continuación transcribo un fragmento antes de que el papel en el que esta escrito se deshaga por completo(esta fechado: Diciembre 18- 1888):

No hacia sol, sin embargo el resplandor que iluminaba las nubes hacia que el calor llenara la piel de los transeúntes de sudor lo que me hacia arrepentirme por momentos de haber salido a la calle el día de hoy.

Mis ojos recorrían las calles céntricas de mi ciudad examinando cada escena hasta llegar a mi destino cuando inesperadamente me detuve y observe a un grupo de turistas, no parecía que tuvieran nada fuera de lo común, a simple vista eran europeos (de seguro del norte, Finlandia o alguno de esos países) y sin nada que me llamara la atención entonces, ¿Por qué me detuve? Me pregunte y cuando volví a mirar a aquel grupo de turistas entendía la razón; uno de ellos, el mas joven era completamente diferente de los demás, en realidad completamente diferente a cualquier ser vivo que haya visto en mi vida. No parecía tener mas de trece o catorce años, su piel era tan pálida como si se tratase de un antiguo muñeco de porcelana con tan solo unos toques de rosado como para afirmar que era la piel de un ser vivo, su cabello dorado tenia toques de haber sido teñido varias veces de rosado o púrpura, en su oreja derecha tenia una argolla de metal que parecía resonar suavemente como un cascabel mientras que sus ojos (aunque no los vi bien en ese momento) expresaban un brillo gris casi espectral. Mis ojos lo siguieron sin que el me prestara la menor atención, su figura se movía presurosa pero sin ningún rastro de sudor en su cuerpo.

El ver a este extraño ser recorrer las calles de mi ciudad olvide la razón por la que había salido y decidí –a una distancia prudente- seguirlo para descifrar quien era él. Lo seguí por varias calles hasta que se separo del grupo de turistas y pronto el manto nocturno cubrió la calurosa tarde y en todo ese momento el nunca se detuvo para increparme la razón por la que lo seguía, en realidad, creo que nunca presto atención a mi presencia. Parecía que sus piernas nunca se detendrían hasta que inesperadamente se freno su apresurado andar cerca de la catedral observando el vacío en silencio como si esperara que yo diera el primer paso.

- Este, disculpa, no pude notar que eres extranjero, ¿hablas español? – le pregunte temeroso de lo que pudiera pensar de mi.

- Yes, i speak spanish but i prefer not speak it now – me respondió con una voz tan suave que parecía acariciar el aire con cada palabra que brotaba de sus labios.

- I’m sorry if i creep you – le respondí en mi oxidado ingles.

- It’s not a problem, I like when people follow me.

Al darme cuenta que el había sabido todo el rato que lo estuve siguiendo mi rostro se enrojeció al ser descubierto. En ese instante el volteo y me observo con sus ojos los cuales parecían haber adquirido un brillo espectral con la noche. Examino cada detalle de mi tostado rostro con una ligera sonrisa e incluso introdujo casi de forma juguetona su nariz dentro de mi maraña de pelo café aspirando un poco buscando, tal vez, el aroma secreto que guardaba mi cabello desordenado. Después de unos segundos me observo directamente a los ojos a pocos centímetros de mi rostro y dijo:

- You don’t look scare – me dijo mientras se acercaba incómodamente hacia mi.

- ¿Por qué debería estar asustado?

- No, you shouldn’t – me susurro mientras esgrimía una suave sonrisa mostrándome unos dientes tan blancos que por unos segundos pensé que me enceguecerían

Mis manos se elevaron casi sin darme cuenta y antes de que supiera lo que estaba haciendo mis dedos empezaron a acariciar su suave mejilla recorriendo sus delicados pómulos, su oreja, su cabello mientras susurraba: “pareces de porcelana” una y otra vez mientras mis colmillos perforaban su cuello perfecto y succionaba su sangre dulce como nunca antes probé desde que me abrazo aquel poderoso vampiro que podía emerger tanto en el día como en la noche.

Me detuve para observar su rostro el cual en lugar de mostrarme una mascara de terror me sonreía con un mal sano placer. “Eres demasiado perfecto para seguir creciendo, eres demasiado perfecto para que cualquier otro humano pose tus ojos en ti, no, no te matare, serás mío, solo mío, mi pequeño vampiro de porcelana” le susurre mientras nos elevábamos hasta el techo de la catedral para completar nuestro oscuro abrazo.


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