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19.2.24

Hijas del dolor, madres de la locura

 El sepulcral silencio nocturno es interrumpido por las campanas de la iglesia cercana las cuales repican anunciando un nuevo día haciendo que unos ojos tan negros como el abismo se abran de improviso para observar un techo descuidado y viejo, por un segundo su mente intenta recordar donde esta cuando un intenso dolor de cabeza y los restos de botellas y tabaco le devuelven la memoria que creía perdida esgrimiendo una sonrisa adormilada mientras tomaba el aire mohoso de la habitación observando un pajarito que se sentaba en el marco de la ventana observándola con curiosidad haciendo que ella extienda la mano intentando acariciar el ave de lejos.


Estamos solas, necesitamos cariño” Resuena una voz en la cabeza de la mujer.




Las acciones de esa mujer parecían un ritual que podría tardar una eternidad pero un golpe seco seguido por dos más suaves resonaron en la puerta de su habitación regresándola a la realidad y espantando al pequeño pajarillo.

- ¡Ya levántate caramba! – exclamo una voz femenina del otro lado de la puerta.

- Hermanita, ¡Te quiero! – balbuceaba la mujer estirando los brazos a la puerta.

- Si, lo que sea, ya muévete – respondía con voz más calmada.

- Ya estoy despierta hermanita, hoy será un día increíble, ¡Cinco veinte, cinco veinte! – exclamaba la mujer dando pequeños saltitos hasta la puerta como un muñeco de resorte.


¿Por qué nos trajo aquí? Se nota que no nos quieren


Los pies descalzos resonaron sobre el viejo piso de madera hasta que se detuvieron en el dintel de la puerta y la abrió con gran emoción para proceder a brindarle un gran abrazo a la persona que la esperaba del otro lado.

- Te extrañe hermanita, siempre te vas cuando me duermo, no me dejes sola, no me gusta dormir sola – susurraba ella.

- Ya Catalina, me harás tirar el trago – respondió la mujer con voz aguardentosa mientras la empujaba suavemente.

Uno rostro marcado con profundas ojeras observaron a Catalina, parecía una niña en el cuerpo de una adulta.

- Suficiente cariño, ahora vístete que debes hacerte cargo de mamá – mascullo la mujer exhalando un tufo alcohólico de sus pálidos labios – ya no la aguanto.

Antes de que la conversación pudiera continuar la mujer ojerosa se retiró tambaleándose y murmurando palabras inentendibles por el lúgubre pasillo hasta ser envuelta en las sombras.

- ¡Te quiero! – exclamo de improviso la mujer de ojos negros a su hermana.

- Sí, sí, yo también te quiero Cata – susurro la mujer cansada entre las sombras.

- Gracias por cuidarme Magdalena, necesito que me cuiden – balbuceo Catalina como si fuera a llorar.

La mujer se estira observando el cuarto que le fue dado y vuelve a sonreír, hasta hace poco había estado olvidada, rechazada –o por lo menos su mente le decía eso–  y ahora tenía un lugar para ella y su música la cual usaba  para evitar que las voces le empiecen a susurrar nuevamente.

- Es otro increíble día Catalina, no lo arruines – se decía a si misma observando su rostro arrugado en un espejo mohoso.

Ella solo veía una cara perfecta y suave cuando en realidad su rostro marcaba más arrugas que años, observaba un estomago perfecto cuando en realidad lucía un colgajo de piel y la cicatriz de una cuchillada cerca del ombligo la cual no prestaba mucha atención mientras se colocaba la blusa.

- Es hora de ver a mamá, hoy será un día increíble – se aseguraba a ella misma mientras armaba con manos temblorosas un cigarrillo feliz para sobrellevar el día.

El pasillo estaba pobremente iluminado revelando antiguas pinturas de los anteriores habitantes de la enorme casa donde ahora vivían estas tres mujeres pero a través de los ojos negros de Catalina solo veía un lugar lleno de luz y amor. Antes de bajar la fabulosa escalera hasta la habitación de su progenitora se colocó sus audífonos para escuchar música, necesitaba el impulso de estas para enfrentar lo que estaba por venir y con un suspiro que se transfiguro en una sonrisa empezó a descender para llegar donde ella.


Mírala, siempre nos hizo a un lado y ahora nos necesita más que nunca


- Buen día, te quiero – saludaba a su madre quien se encontraba meciéndose en una silla con rostro perdido.

- ¿Quién eres? – susurro la anciana observando la figura encorvada de pie en el dintel de la puerta.

- ¡Dame un abrazo primero! – exclamo como única respuesta caminando hacia la confundida vieja.


Golpes, gritos y arañazos fueron las únicas respuestas que dio la anciana mujer evitando el abrazo de la otra haciendo que la otra mujer bajara con ojos adormilados hacia el cuarto de la anciana separándolas.

- Solo quiero abrazar a mi madre – gritaba Catalina dolida por la separación.

- Sabes muy bien la enfermedad que tiene y siempre haces la misma estupidez, ¿Qué diablos te pasa? – mascullo la otra mujer.

- ¿Quién es esa señora? – inquirió la anciana asustada – creo que está loca.

- No mami, es Catalina, ¿Recuerdas? Mi ñaña que vivía en el asilo, ahora está aquí para ayudarme a cuidarte – le aclaro la mujer tratando de esgrimir una triste sonrisa en su amargado rostro.

- Ah…

La mujer de ojos negros observaba la interacción entre su hermana mayor y su madre con la falsa sonrisa siempre dibujada en su rostro mientras susurraba lo mucho que las quería.

Pasaron varios minutos hasta que la más anciana de las mujeres reconoció a su hija menor extendiendo sus brazos para brindarle un abrazo a lo que Catalina corrió a recibirlo con alegría.

- Ya es suficiente amor aquí, desde mañana contrato una enfermera – susurraba Magdalena observándolas con asco.

- No lo hagas ñaña, mami solo necesita amor y rica comida, yo me encargo de todo ya veras, ¡Cinco veinte, cinco veinte! – exclamaba colocándose incómodamente cerca del rostro de su familiar.

- Déjame pensarlo – refunfuño ella retirándose del lugar con una mueca de fastidio por estar más tiempo del necesario en presencia de Catalina.

La mujer de pronunciadas ojeras sabía que al final no lo haría, amaba más el dinero que su madre le había dejado a cargo que a sus familiares, pero necesitaba desahogarse.

- Pinche loca – susurro Magdalena subiendo las escaleras mientras unos ojos preocupados y vigilantes la seguían hasta perderse en las sombras del segundo piso.

La mujer de estilizada figura se arrodillo frente a su madre quien había vuelto a observar el vacío.

- Te quiero tanto mami – susurraba en voz baja colocando su cabeza en las piernas de la anciana mujer.

Casi por instinto la mano derecha de la mujer fue acariciando el cabello caoba de ella haciendo que su sonrisa se expandiera de manera perturbadora.

- ¿Sabes? Aunque tu padre te acepto yo nunca te quise – murmuro la mujer en un momento de lucidez – no sé porque se me ocurrió traicionarlo con el chofer ni porque él no tuvo problema con recibirte con los brazos abiertos pero el verte me asquea.

A pesar de las fuertes palabras Catalina parecía escudarse en una falsa felicidad que ella misma había construido y se levantó para encender el viejo equipo de sonido y colocar salsa bailando con seres invisibles que solo ella podía percibir.

- ¿Me escuchaste? – exclamo la anciana – te odio y te odie más cuando confesaste que mi hermano te violo, me da asco que tengas que cuidarme junto a tu santa hermana y… y… 

Poco a poco la anciana fue olvidando las palabras y su mente se nublo una vez más preguntando a la muchacha de piel canela quien era y donde estaba.


Mátala


Al percibir esa oscura voz susurrar en sus tímpanos solo atino a subir el volumen de la música y seguir bailando sin prestar atención a nada.

Nadie debería tratarnos así, mucho menos ella


La mujer volvió a subir el volumen hasta que la música se hizo una cacofonía que incluso la anciana, aun con su demencia parecía repeler exigiendo que bajara el volumen.


Debemos buscar quien nos quiera, ya no aceptan nuestros abrazos, ¡quienes no lo acepten deben morir!


La mujer daba vueltas en el mismo lugar con los ojos cerrados y los brazos extendidos esgrimiendo una sonrisa que le lastimaba el rostro como si intentara recordar los instantes felices en esta casa dejándose llevar por la música hasta que de improviso se vio silenciada.

- Ellas me cuidan, es lo único que importa, ellas me cuidan – balbuceaba con los ojos cerrados – y yo las cuido a ellas.


Haciendo una labor titánica la anciana se levantó de donde se encontraba y caminando con lentitud se fue acercando a su hija, aquella quien nunca quiso tener pero su esposo le exigió que lleve el embarazo a término ya fuera como castigo o por miedo inculcando por la religión y cada segundo que el débil cerebro de la mujer percibía la presencia de Catalina era una tortura que debía detener dándole más fuerzas en sus débiles piernas para llegar cerca de ella.

- ¡Dije que bajes el volumen carajo! – exclamo la anciana molesta.


La única respuesta de Catalina fue dirigir sus manos hacia el frágil cuello de la anciana y apretar hasta que se escuchó cuando la tráquea se quebró convirtiendo la delirante sonrisa de ella en una mueca de dolor desconsolado.


- Mami, no te mueras, no te vayas, abrázame, cuídame – balbuceaba ella abrazando el cuerpo sin vida de la mujer.


Hiciste lo que tenías que hacer, ella no nos quería, nunca lo hizo

- No, soy mala, debo dejar de ser débil, debo dejar de ser mala – susurraba tratando de evitar que las voces volvieran a tomar el control.


Solo padre nos entendía, ella nos falló y nuestra hermana también, ella debe pagar, ella rechaza nuestros abrazos, no merece nuestro cariño

Con manos temblorosas empezó a buscar en los gabinetes de la sala y los cajones de la cocina algo que callaran a las voces hasta que se encontró con una botella de whisky la cual tomo pasando su liquido dorado por su garganta con la esperanza que la rabia se detuviera, que las voces se silenciaran, pero eran demasiado fuertes.


Si ellas no nos quieres hay que abrazarlas hasta que dejen de respirar


Los ojos de Catalina se enfocaron en unos cuchillos para carne y casi como si fuera otra persona tomo el más grande y afilado dirigiéndose a la habitación de su hermana.

- ¿Qué pasa Catalina? – balbuceo la hermana mayor al notar una figura femenina en el dintel de la puerta – ¿Mamá está bien?

Ella solo ingreso a la habitación murmurando lo mucho que quería a su hermana mayor mientras se abalanzaba hacia ella e introducía el cuchillo una y otra vez en su carne para luego abrazarla quedándose dormida sobre el cadáver.

Al fin hay amor en esta casa, pero el silencio duele, necesitamos música

Casi como un zombie Catalina se levantó de la cama dándole un suave beso al pálido cadáver de su hermana mayor mientras encendía radios, computadoras y tablets que se cruzaban por su camino haciendo que la casona se llenara de una cacofonía musical hasta detenerse, cuchillo aun en mano, frente a la puerta de salida.

Necesitamos dar más amor, abrazar a la gente, necesitan de nosotros

El rostro perdido de la muchacha se transfiguro en una sonrisa macabra mientras abría la puerta y con cuchillo en mano, se acercó a un niño el cual paseaba a un pequeño perro.

- Hola niño de poder, ¿Quisieras cuidarme? Dame un abrazo y seamos familia.


La única respuesta fueron gritos que precedieron a la sangre y la muerte.





25.10.20

Barrios Malditos de GuayaKill

 Existen sectores de la llamada "Perla del Pacifico" que por sus habitantes y su descuido son llamados "malditos" por los que mas conocen las historias de la ciudad. Uno de esos barrios es llamado Ciudadela Modelo, recibiendo ese nombre por estar a pocos pasos de el Estadio Modelo y atrás de la policía, se concibió como un barrio donde vivirían las familias de los policías y al principio se creyó que seria el mas seguro de la ciudad.


Estaban equivocados.

En poco tiempo aquel barrio se convirtió en un lugar donde cada casa era un bar o un prostíbulo, los mas viejos de la zona pueden afirmar que incluso fue donde se planearon grandes robos y se consumía mas drogas, era un lugar el cual a pesar de estar tan cerca de la policía nadie podría afirmar que era seguro; luego llego la regeneración y La Ciudadela Modelo o Chemise como se la conocía vulgarmente paso de un barrio donde habitaban los criminales junto con los policías a un barrio que rememoraba a la "pequeña Italia" del New York gánster de las películas de Martin Scorsese y otros directores gringos porque dentro de aquellas angostas calles aun se esconden alcohólicos quienes prefieren gastar su dinero en trago que en su familia o mujeres cuyo deporte favorito es hablar mal de sus supuestos amigos o vecinos e incluso vendedores de drogas en un sector donde se puede encontrar cada dos pasos a un policía sea trabajando o descansando.


A pesar de haber una aparente alta seguridad es un lugar donde aun se desarrollan oscuros placeres y donde el hablar mal del prójimo es casi un ritual pagano para quienes fingen ser personas de bien en el día mientras que en la noche se bañan entre alcohol y drogas en un sector donde la ignorancia y la corrupción es algo usual tanto para las nuevas como para las viejas generaciones.




Pero no todo es malo, aun hay gente buena y honesta en aquel lugar, además que mucha gente viene de otros pueblos para alquilar pequeños departamentos o cuartos por lo económicos que son pero una advertencia para quienes quieran pasar mucho tiempo en aquel barrio maldito: No lo hagan.

6.4.11

Precuela: El Septimo Vertice (Archivo 1)


No se si quede alguien realmente vivo para leer estas anotaciones, supongo que es mi esperanza que me hace escribir estas entradas con el insignificante anhelo de que esto solo será una pesadilla.
Agatha de Souza
Septiembre 12 2012

Todo en la tierra era un mar de caos hasta que “eso” apareció. Excelión era una poderosa empresa farmacéutica que prácticamente apareció de la nada.
Creaba formulas “milagrosas” que acababan con casi todos los males del mundo; incluso, casi al final de los tiempos, habían desarrollado una droga revolucionaria que, aun se estaba probando, pero que ya estaba cosechando buenos frutos curando el conocido Síndrome de Inmuno Deficiencia Humana.
Tenían medicamentos que eran capaces de curar casi cualquier enfermedad por complicada que fuera, algunas en cuestión de días. Además, de que sus propietarios estaban adquiriendo fama de filántropos, puesto que sus medicinas eran de total gratuidad para las personas de bajos recursos económicos, y además donaban casi un %70 de las ganancias para detener la hambruna, le explotación infantil y demás males que, como nunca, en esta época azotaban el planeta.
Al principio, a todos les pareció extraña la aparición de esta nueva empresa, salida de ningún lado pero con las respuestas para todo; opulenta y poderosa proporcionando miles y miles de plazas de trabajo a nivel mundial en una época que ya era de común depresión monetaria.
Se los vio como un milagro.
Sin embargo, bajo la fachada de la industria farmacéutica que desarrollaba drogas milagrosas; detrás de la supuesta filantropía, se escondía una terrible verdad.
Mientras por un lado Excelión era premiado como institución por organismos tan encumbrados  como la OEA y la ONU, por debajo era la que creaba y suministraba armas de alta tecnología, bombas químicas, armas nucleares de todo tipo… es decir, Excelión y toda su fachada de bondad eran un gran fraude.
Para el desarrollo de tantos prodigios, Excelión tenía contratados a los tres mejores científicos, químicos y genetistas de los últimos quince años:
Cobalt Brennan, norteamericano; experto en física quántica y tecnología del átomo.
Agatha de Souza, brasileña; experta en robótica y nanotecnología aplicada al campo médico.
Cira Rossenbaum, israelita; experta en genética, farmacéutica y clonación.
Los tres habían sido trasladados desde sus países natales, con un jugoso contrato y la promesa de que tendrían el apoyo y la ocasión de continuar desarrollando sus experimentos desde Excelión.



3.2.11

La llave de luz; Epica ecuatoriana en Ebooks


José Núñez del Arco es un escritor casi desconocido, sin embargo se las  ha ingeniado para obtener una pequeña cantidad de seguidores tanto dentro como fuera de su país.
Con la publicación de su obra El Aullido de las Moscas y luego la novela grafica Death Metal(que aun tiene por salir 2 números mas) ha llamado la atención de un creciente número de lectores, ahora nos vuelve a sorprender con la publicación de su primer Ebook o libro electrónico, uno de los pocos ecuatorianos(por no decir el único) que ha publicado en ese formato.
La historia, “La llave de Luz” publicada bajo el seudónimo Lestat de la Cuadra se podría resumir como una novela épica juvenil sobre la justicia, el encuentro con la madures, la injusticia de la guerra y la muerte envuelta en personajes fantásticos como elfos, enanos, centauros, demonios y fantasmas que tratan de detener o ayudar a un confundido mitad elfo mitad humano que ha olvidado su pasado en un mundo devastado por la desconfianza y la muerte.
La obra se puede adquirir en la tienda virtual www.amazon.com o ir directamente a: http://www.amazon.com/s/ref=nb_sb_noss?url=search-alias%3Daps&field-keywords=Emooby&x=0&y=0#/ref=sr_pg_2?rh=i%3Aaps%2Ck%3AEmooby&page=2&keywords=Emooby&ie=UTF8&qid=1296754736 y adquirirlo para plataformas como PC, Blackberry, Ipad, Iphone o Android.


13.10.10

La novela gráfica

Es un termino controvertido, que puede referirse tanto a un formato de publicación
como a un tipo moderno de historieta para adultos surgida a finales del siglo pasado.
 En su sentido más estricto, puede definirse por los los siguientes rasgos:

    * Formato de libro.

    * Un único autor y más raramente un grupo de ellos.

    * Una única historia, generalmente extensa, con tendencia a la densidad.

    * Pretensiones temáticas de la Literatura con mayúscula
(subjetivismo autobiográfico, flash backs, diferentes tiempos narrativos, etc).

    * Destinada a un público maduro o adulto.

En cualquiera de los dos casos, puede considerarse, según Juan Antonio Ramírez,
 "como el último (hasta ahora) de los varios intentos hechos por el cómic de asaltar
la fortaleza de la respetabilidad cultural"

En España, la revista Monos (1904-08) subtitulaba como "la primera novela gráfica española"
 a la serie Travesuras de Bebé. Muchos años después, en 1948, se iniciaba la colección
La novela gráfica, de Ediciones Reguera, cuya publicidad indicaba

"La novela gráfica os dará a conocer las mejores novelas de la literatura mundial
por medio de dibujos explicados. Cada número contendrá el argumento completo de una novela
 de amor, aventuras, pasión o intriga, siempre dedicado a las personas mayores. Aparecerán
dos números al mes.
"

En Estados Unidos, el término inglés graphic-novel surge en los años 60, junto a otros términos como comic novel, graphic album, novel-in-pictures o visual novel. Las primeras apariciones conocidas del término en Estados Unidos son las siguientes:

    * Noviembre de 1964: Richard Kyle lo utiliza en CAPA-ALPHA nº2, un boletín publicado por la Comic Amateur Press Alliance, volviéndolo a hacer en su Fantasy Illustrated #5 de 1966.
    * 1976:
          o En la cubierta de "Bloodstar", de Richard Corben, que adaptaba una historia de Robert E. Howard;
          o En la contracubierta de la recopilación de "Beyond Time and Again" de George Metzger, publicada originalmente de forma serializada entre 1967 y 1972, y
          o En el prólogo de "Chandler: Red Tide" de Jim Steranko, aunque, realmente, se tratara más bien de prosa ilustrada.

    * 1978: En la cubierta de la versión en tapa blanda (pero no en la de tapa dura) de "Contrato con Dios", de Will Eisner. Según Eisner, se inspiró para crear el término en las novelas en imágenes publicadas en los años 30 por Lynd Ward. El éxito de ventas y crítica de la obra populariza, en cualquier caso, el término, llegando a atribuirse a Eisner su invención, lo cual crearía luego cierta polémica.

En 1982, el término era tan popular que la Editorial Marvel Comics lanzaría la línea Marvel Graphic Novel, cuyo primer número sería La muerte del Capitán Marvel de Jim Starlin.

Ese termino como cualquier otro es tan grande como nosotros queramos que sea...



12.10.10

Los Niños del Abismo Cap.8


- 8-

Nubes oscuras se cernían sobre Jackie. Remembranzas de su infancia la atormentaban en sueños. Una mano trataba de sujetarla, “Mamá no me dejes”  exclamaba la joven en sueños, al tiempo que escuchaba un amargo llanto y la mujer se desvanecía entre aquellas nubes oscuras.
Jackie se despertó de improviso. Hacía años que no tenía ese sueño el cual la había atormentado de pequeña, ahora volvía de nuevo.
Su cuerpo estaba lleno de sudor, sus manos temblaban y su respiración era dificultosa. No estaba segura ya de nada, se sentía perdida.

-          Apenas si la recuerdo – murmuraba mientras observaba temblar sus manos - ¿por qué debe interesarme qué motivos tuvo para dejarme?

No estaba segura aun de que haría, aunque no podía evitar sentir curiosidad. Desde siempre había sido curiosa, era uno de sus mayores virtudes y su peor defecto al mismo tiempo.
Aquella historia del viejo fotógrafo, el misterio de su madre ligado a aquel suceso y al orfanato era demasiado interesante para no querer escuchar el final de la historia.
Mientras observaba su café pensaba en la posibilidad de escuchar el resto de la historia del viejo, de saber el motivo por el cual fuera abandonada por su madre y las respuestas a muchas otras preguntas.
Un suspiro se le escapó mientras acercaba el café negro a sus labios carmesí.
Había tomado una decisión, no había tiempo que perder, quería escuchar el resto de la historia.
Sin pensarlo dos veces aceleró el paso tomando un bus que la llevaría a su destino, a las respuestas que ella siempre había esperado; su corazón latía tan rápido como un tambor en espera de escuchar lo que el viejo tenía que decir.
Después de algunas paradas de aquel bus destartalado y el soportar el llanto de los niños y los vendedores que subían y bajaban, finalmente llego a la puerta de aquel viejo edificio, se bajó de un salto y observó la gran edificación, en el exterior los almacenes trabajaban sin prestar atención a nada más, mientras que en el interior de la gran casona una persona permanecía sentada al pie de una puerta leyendo el periódico con su bastón en el piso.
Jackie se acercó hasta la reja y al observarlo, no pudo evitar dudar por unos segundos de la decisión que había tomado, pero ya estaba ahí y ya era tarde para arrepentirse, el viejo ya la había visto y se dirigía a donde ella se encontraba.

-          Veo que has tomado una decisión – dijo Manuel, mientras quitaba el candado de la reja.
-          Así es.
-          Entra y dime cuál es.

Jackie entró y se sentó al pie de la escalera secándose el sudor de su frente y arreglando su cabello.

-          Deseo saber –  fue la respuesta que dio.

Manuel apoyándose en su bastón la observó, primero serio, luego esbozando una sonrisa y después lanzando grandes carcajadas con una inusual alegría.

-          Disculpa mi niña, disculpa pero el recibir esta respuesta es lo mejor que me han dado en mucho tiempo – se excusaba el anciano mientras se calmaba - ¿es decir que podré continuar mi historia?
-          Si, aunque me gustaría que se centrara un poco más en mi madre, ¿era Josselyn?
-          Eso, aunque te enoje, no te lo puedo decir aun; le prometí a tu madre que si alguna vez te encontraba te contaría toda la historia, no solo una parte; es por eso que debes escucharla toda si quieres saber sobre tu madre. ¿Aun quieres que siga con la historia?

Jackie se quedó meditando sobre la respuesta del viejo fotógrafo durante unos minutos mientras sus manos se estrujaban entre ellas mezclando rabia y resignación.

-          Si esa es la única manera – suspiró la joven – pero ya que usted va a contar la historia a su manera por lo menos yo elegiré dónde la contara.
-          Me parece justo.
-          Venga, hay una vieja cafetería por aquí, me parece que es de antes de su época; nos sentaremos con un helado, unas galletas y me contará la historia.
Sin importar cuánto tarde quiero escucharla toda, desde donde nos quedamos hasta su final.

Manuel la observó feliz mientras sus arrugas se acentuaban por la sonrisa que esgrimía.

-          Mi niña... – dijo el viejo al tiempo que extendía su mano – no lo esperaría de otro modo.

“Poco a poco me fui acostumbrando al lugar y, aunque no podía borrar el dolor de mi pérdida, todo se fue atenuando con la ayuda de mis nuevos amigos, Josselyn y el muchacho de piel oscura y ojos claros que tocaba la flauta;  pronto descubrí un secreto sorprendente, lo recuerdo bien, estábamos de paseo a la iglesia que quedaba cerca de allí, creo que aun está en pie, San Francisco se llamaba, fuimos un gran grupo guiados todos por el asistente del Conde. según recuerdo era domingo así que como de costumbre iríamos temprano a misa y luego a comer helados, noté de inmediato lo emocionada que estaba Josselyn de ir, me pareció raro tomando en cuenta que siempre que le hablaba de curas o monjas me hablaba pestes de ellos y de la religión en general.
No pensé que fuera nada, sin embargo en ese momento decidí prestarle más atención a ella que a la misa en sí.
Al llegar a la iglesia nos sentamos en las primeras bancas tratando de hacer el menor ruido posible ya que el asistente del Conde era conocido por sus crueles castigos para quienes lo desobedecían, a pesar de que usualmente aparentaba ser alguien poseedor de un tierno corazón.
El asistente se encontraba de pie, todas las veces que fuimos a la iglesia nunca lo vi sentarse o hacer la señal de la cruz, era como si su única labor era cuidarnos y evitar que hiciéramos destrozos, más que participar de la misa como los demás asistentes.
De cuando en cuando veía de reojo a Josselyn para ver qué era lo que le entusiasmaba de esta salida en particular, al principio no lo noté, luego me percaté de inmediato.
Fue cuando vi que su rostro se había puesto ligeramente más colorado, como si se hubiera sonrojado al ver a alguien en especial, busqué hacia  donde había dirigido su mirada y finalmente me percaté, aunque se me hizo difícil entender en ese momento la razón de lo sucedido. Casi al final de la fila de bancas había una distinguida familia de rostro recio y a su izquierda estaba una joven de piel canela y profundos ojos negros y cabello del mismo color que miraba a mi amiga con una ardiente intensidad.
Después de aguantar un largo sermón en latín salimos en filas de dos, un niño al lado de una niña directo a la casa cuna para el almuerzo del domingo, pude notar que Josselyn sonreía de oreja a oreja, lo cual hacía rara vez desde que la conocía.

-          ¿Te gusta esa niña? – le susurré casi de improviso

Ella no dijo nada al escuchar mi pregunta, simplemente abrió sus ojos sorprendida de que lo haya notado y se sonrojó tanto como un tomate; no dije nada más acerca de ese tema, supuse que cuando ella estuviera lista me diría lo demás.

Mientras me encontraba en el gran salón donde todos nos sentábamos a comer, Josselyn se me acercó con su plato de comida en la mano y se sentó a mi derecha.
No me miró, siguió comiendo y observando a los demás, pensé que estaba enfadada; no sabía qué esperar de ella en ese momento.

-          ¿Cómo te diste cuenta? – preguntó finalmente sin mirarme.
-          Por la forma en que se miraban, aun recuerdo esa mirada en el rostro de mis padres cuando estaban vivos.

Sonrió de nuevo más no volteo a mirarme.

-          Aun no la conozco en persona, solo sé que se llama Carolina y que su padre trabaja con los carabineros, tengo miedo pero quiero conocerla.
-          ¿Qué te detiene?
-          Andrés, soy la única que lo cuida, si yo me voy, ¿quién cuidara de él?

Quedé en silencio por unos segundos meditando sobre ese problema mientras sorbía mi sopa, sabía que debía ayudarla, debía devolverle el favor que me hizo cuando me rescató aquel día.

-          Yo lo haré – dije finalmente.

Ella no dijo nada ni me miró, pero pude notar que se sorprendió por mis palabras, me dio un beso en la mejilla y me susurró: “tengo las llaves del portón, la veré el próximo sábado, te encargo a Andrés, cuídalo con tu vida.”

Fue una promesa que se me hizo difícil de mantener, era aun un niño y no siempre podía hacerme el rudo con los otros chicos del orfanato, especialmente con Jorge y su banda.
Un día lo comprobé cuando el Conde y su asistente habían salido y solo quedaban unos cuantos adultos bastante incompetentes para cuidarnos a todos.
Aquel delgado muchacho de grandes ojos sostenía con fuerza a Andrés respaldado por algunos chicos mayores que le servían como guardaespaldas, yo me sentía impotente, intenté gritar, hacer que se detuvieran pero eso parecía entretenerlos aun más, hasta que después de intercambiar unas miradas cómplices con algunos de su grupo y observar un reloj me impuso una prueba, un desafío para averiguar si valía la pena parar la tortura o seguir no solo con Andrés sino también conmigo.
Me sentía incomodo con la prueba que me habían impuesto pero Jorge y sus amigos no dejaban en paz a Andrés, no sabía qué hacer en ese momento. Josselyn se había ido con Carolina al parque San Francisco no sabía si volvería a tiempo; lo único que sabía era que Andrés era mi responsabilidad, sin embargo me sentía inútil al observar aquellas burlas despectivas sobre aquel frágil muchacho de piel canela.

-          ¡Basta! – grité sin siquiera darme cuenta de lo que estaba haciendo.
-          ¿Basta?, ¿cómo es eso que basta? Mira pelado, sin la  flaca por aquí yo mando así que lo jodemos hasta que YO me aburra, ¿estamos? – me dijo Jorge mientras acercaba su rostro a mi cara tratando de intimidarme.
-          ¿Qué se necesita para que lo dejes en paz? – pregunté reuniendo fuerzas para no hacerle sentir el miedo que brincaba en mi corazón.

El delgado muchacho me sonrió con sus labios rosados al tiempo que miraba a los demás y éstos le sonreían de vuelta.

-          Pues mira, esto es lo que tienes que hacer:  vas a la oficina del Conde y me traes lo más valioso que encuentres –me dijo mientras me mostraba la flauta de Andrés y sonreía – si te descubren no solo rompo esta porquería sino que le rompo las piernas al negro este.

No estaba seguro de qué iba a hacer, mi corazón rebotaba a mil por hora y de mi boca salió un: “¡de acuerdo lo haré!” el cual me sorprendí de haber dicho.
Jorge sonrió con unos dientes ligeramente amarillos e hizo que soltaran a Andrés mientras me abría paso para que cumpliera lo ofrecido.

-          Recuerda, lo más valioso que encuentres, te estaremos esperando “men”, no tardes mucho – dijo aquel delgaducho muchacho mientras me palmeaba la espalda dándome ánimos para que cumpliera aquella tarea.
-          Ya, pero no le hagan nada.
-          De ti depende.

Mis manos temblaron mientras caminaba por los pasillos del orfanato hasta la gran puerta de madera que permanecía cerrada, era la oficina del Conde; solté un suspiro y con algo de esfuerzo pude abrirla.
La estancia estaba iluminada por la chimenea  encendida  brindando una húmeda tibieza; a pesar de que en el exterior arreciaba un fuerte calor anunciando lluvia en cualquier momento.
El lugar parecía la habitación de un aristócrata incluso pude notar un escudo de armas bastante extraño y un bello ropero de caoba adornado con dos dragones en cada puerta pero lo que más me llamó la atención en ese momento fue una daga de bronce y plata la cual tomé esperando que con eso fuera suficiente para evitar que Jorge molestara más a Andrés y lo lastimara. Cuando ya me disponía a salir del lugar con absoluto éxito escuché pasos que se acercaban a la oficina;  el corazón casi me salta del pecho, pensé en escapar, pero, ¿escapar a dónde?
 No había cómo, no existían ventanas ni puertas de emergencia, estaba atrapado y cuando pensaba que sería mi fin,  recordé el gran armario de caoba y sin pensarlo dos veces me escabullí allí esperando que fuera mi salvación de ser descubierto. 
Abrí la puerta ligeramente. No podía evitar la curiosidad de saber qué sucedería en aquella oficina mientras permanecía escondido.
Era el Conde y su siempre sonriente ayudante hablando de negocios, según creí al principio, mas, luego de prestar atención entendí de qué iba aquella conversación la cual sería de suma importancia más tarde para mí:

-          ...Sí mi buen amigo, aun recuerdo aquella apuesta de ver quién tenía más sexo con vírgenes, el problema es que muchos de los involucrados eran sirvientes de mi padre.
-          No mi buen Conde, el problema fue que usted siempre era el más deseado en ese entonces por la corte inglesa.
-          Jajajaja, ¿de veras lo crees?, pensé que era porque aquellas mujeres solo veían mi dinero.
-          El hecho es que existe una gran diferencia entre un hombre y un gran hombre; eso me decía mi madre al compararme con Anthony, mi primo escocés – decía el sirviente del Conde mientras se arreglaba sus lentes.
-          Gracias por el voto de confianza, ahora veamos ese mapa que conseguiste con ese concejal.
-          No fue difícil, un poco de oro y esta gente haría lo que fuera.

Aquellos dos personajes extendieron un viejo pergamino sobre su escritorio y lo examinaron con detenimiento.

-          Entonces necesitaremos diez más para extraer el tesoro, ¿verdad? – preguntó el Conde.
-          Aproximadamente; diez adopciones en un día siempre es algo arriesgado, aun para este país tan caótico, poco a poco es mi recomendación.
-          Sí, creo que es lo mejor, si quiero obtener el medallón deberé ser paciente.
-          ¿Y el resto de riquezas, Milord? – inquirió el joven.
-          Dime, ¿tu estúpido primo se preocuparía por el medallón o por las riquezas enterradas?
-          Por las riquezas; es alguien simple de mente, nunca ha tenido visión de grandeza.
-          Entonces ya tienes tu respuesta. – dijo finalmente el Conde enrollando aquel pergamino y guardándolo en un cajón de su escritorio.

Ambos hombres se fueron. Escuché la puerta cerrarse mientras me aferraba a la daga de plata con mis manos sin darme cuenta que su hoja lastimaba mis palmas; estaba más preocupado de que no me descubrieran, había escuchado que los castigos por desobedecer las reglas del Conde eran brutales. Pasaron unos minutos que se me hicieron eternos y finalmente decidí abrir la puerta del armario.
El lugar estaba vacío, no había peligro, mas, podía notar que en aquel lugar se respiraba un aire pesado, viciado, no quise averiguar más de lo que ya sabía y me retiré en silencio.

-          ¿Lo liberaron a Andrés? – preguntó Jackie ansiosa por una respuesta - y si Josselyn era lesbiana entonces, ¿quién era mi madre?
-          Tantas preguntas en alguien tan joven. Calma, si no te doy todos los detalles, ¿cómo entenderás el final de la historia?

Jackie se quedó en silencio, se dio cuenta que aunque la historia se volvía por momentos desesperante, si no sabía todos los pormenores nunca entendería las acciones finales ni las razones que tuvieron para hacer lo que hicieron;  dejó escapar un corto suspiro de resignación y asintió con la cabeza en señal para que el viejo continuara con la historia, esta vez hasta el final...


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